domingo, 8 de febrero de 2015


JOVENES A LA OBRA

Publicado en el Portal Punto de Encuentro el 05 de Febrero del 2015 

El escenario político del Perú cambió cuando los jóvenes decidieron rechazar la Ley del Trabajo Juvenil en cuya defensa se empeñaron malamente Ollanta Humala y su mujer, dirigente máxima del partido de gobierno. Doble derrota que deben asimilar en lugar de negarla o minimizarla como simple ruido político. Los jóvenes han sido protagónicos como también lo fueron durante el fujimorismo cuando salieron a las calles a protestar por la destitución de los tres magistrados del Tribunal Constitucional o cuando se empeñaron en lavar las banderas contra la dictadura corrupta o cuando participaron en la histórica Marcha de los Cuatro Suyos.

A pesar del descrédito de la política y de que muchos creen que esta generación se coloca al margen de lo que sucede en el país, no es cierto, cuando los jóvenes se deciden a participar son un factor esencial y cuando toman decisiones impactan. Y hoy las condiciones para la conexión sistemática entre ellos están dadas. Como sucede en todo el mundo las llamadas wikiacampadas o el movimiento de los Indignados están haciendo historia. Y en el Perú comienzan a hacerlo. La velocidad de convocatoria de las redes sociales las convierte en verdaderas aliadas de las multitudes inteligentes. Ya vimos en la primavera árabe el rol de Facebook y de Twitter vital para la movilización que terminó con el gobierno despótico de Hosni Mubarak.

En el Perú ya tenemos antecedentes de movilizaciones juveniles exitosas: contra la Repartija congresal de cargos para los organismos autónomos, por la defenestración de la presidencia de la subcomisión de DDHH de la fujimorista Martha Chávez y para revertir el abuso de las AFP contra los independientes. Todas lograron sus objetivos y extendieron ese sentimiento de búsqueda, como bien dice Manuel Castells, de una democracia real que los represente, a ellos y a los intereses comunes dejados de lado por escuchar solo a los voceros de grupos particulares.

Las redes son un medio eficiente y eficaz para el aglutinamiento, el internauta deja su silla frente a la computadora y se lanza a la calle para compartir su indignación y convertirla en protesta masiva que transformará la política de su país. Son una fuerza. Los llamados Pulpines lograron con tres marchas multitudinarias la derogatoria de la ley laboral que los discriminaba. Pero no salieron solo a protestar, en el camino vieron su consistencia a partir de una voluntad de cambio social y política pero sin asociarse con la violencia.

El éxito de estas protestas ciudadanas -que hacen el camino de las redes sociales hacia las calles- trae un nuevo actor político que los partidos tradicionales y los medios de comunicación han venido desdeñando erróneamente. Las calles tomadas pueden redefinir la democracia que queremos, una más representativa, menos corrupta, con más voces y pluralidad, con presencia fundamental de los intereses generales.

Y es que no sólo importan las élites empresariales y financieras, el equilibrio -palabra clave en la lucha por la igualdad en estos tiempos- va hacia el centro político, hacia el descarte de los extremos. Se equivocan los políticos cuando creen que el protagonismo juvenil es momentáneo o circunstancial y que ellos seguirán manejando la política a su antojo con el contubernio y la componenda. Los pulpines llegaron para quedarse y está muy bien que así sea. Los necesitamos como un soplo de aire fresco.

Quien tenga ojos de ver que vea, la experiencia es importante pero también lo son la ética, el valor y el entusiasmo, algo que nuestros jóvenes indignados afirman con su entrega, a sabiendas que se encontrarán con la represión como fue el vergonzante caso de la prisión y denuncia a 20 jóvenes participantes de las 3 marchas. Son nuestros hijos, nuestros alumnos, nuestros amigos que llegan para decir su palabra. Quien los vea como amenaza no es ni demócrata ni político. La reclamada renovación de la política está llegando de la mano de chicas y chicos con conciencia y voluntad de participar. Medios de comunicación y partidos políticos hagan espacio. Llegan con su lenguaje que -entre la consigna de pancarta y la jerga tecnológica- determina que ahora la ciberpolítica se hace en dos mundos paralelos, el de la plaza y el de la realidad virtual. Bienvenidos.

 

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