jueves, 21 de noviembre de 2019


SOLDADOS 
DE LA DEMOCRACIA

Publicado en Correo el sábado 16 de Noviembre 2019

El mundo está movido y la región también. Como pocas veces se expresa masivamente la indignación social por la desigualdad, las violaciones de derechos y las injusticias del sistema. Tanto que las explosiones alcanzan un punto de no retorno como viene sucediendo en el vecino Chile. Tiempo de recordar que en nuestro país hace 27 años, cuando se iniciaba el régimen fujimorista con el autogolpe del cinco de abril de 1992, se produjo en la madrugada del 13 de noviembre de ese mismo año, la insurgencia de un conjunto de oficiales comandados por el General EP Jaime Salinas Sedó, un grupo que asumió la resistencia cívico-militar para restituir el orden constitucional. Soldados de la Democracia los llama su líder en emocionado mensaje desde EEUU donde reside, “que fueron contra la corriente, que sintieron que los reclamaba el cumplimiento del deber y la voz de sus conciencias, no la de sus conveniencias personales”.

Enfrentaron al ex capitán Vladimiro Montesinos, el poder tras del trono que ponía sus alfiles en las FFAA. Respondieron al malestar en los cuarteles y en los sectores democráticos por el autogolpe que disolvió el Congreso e intervino el Poder Judicial. La insurgencia de este grupo aunque bien planificada no llegó a concretarse por una traición que desarticuló el operativo que no respondía a los golpes militares clásicos, sino a la defensa de la ley y la democracia.

Ni las torturas, promesas o amenazas con que pretendieron reprimirlos pudieron doblegarlos. Recluidos en pésimas condiciones en el Real Felipe durante 3 años, salieron gracias a la presión de los organismos internacionales, sin ceder en sus reclamos,  invictas sus banderas de lucha. Soldados de la democracia, quedan en la historia como dignos herederos de Cáceres, Bolognesi, Grau. Tiempo de recordarlos y de señalar que nunca se les reconoció sus derechos y merecimientos honorarios. La ingratitud de la patria también existe.  


viernes, 8 de noviembre de 2019


LA INFORMALIDAD POLITICA

Mi columna HOJA DE TIEMPO en diario Correo, 9 de Noviembre 2019

¿Qué nos diferencia del Chile que hoy protesta largamente en las calles de Santiago y que no duda en usar la violencia con alto costo económico y humano? La respuesta es la informalidad que en el Perú inunda todo y allá es relativamente pequeña ya que la gran mayoría de ciudadanos son trabajadores en planilla con deberes y derechos. En el Perú los trabajadores informales no tienen derechos y si sus remuneraciones son cortas suman al trabajo principal un segundo y hasta un tercer trabajo también informal. El correlato político se refleja en seres humanos extenuados y desencantados de los gobiernos, de los políticos y de la democracia. No se sienten insertados en el Estado de Derecho porque para ellos solo hay deberes cuyo cumplimiento muchas veces los desborda. Por eso no los entusiasman las elecciones y no les importan los gobernantes ya que siempre tendrán que trabajar duramente para vivir. 

Este razonamiento primario los impulsa a no esperar nada del Estado, ni siquiera los servicios básicos, que constitucionalmente les debe, como la salud y la educación. Hospitales públicos desabastecidos son un apoyo a la informalidad política y económica. 

La ceguera de los gobiernos y de los burócratas estimula la esquizofrenia de vivir en dos mundos diferenciados con discursos que el ciudadano informal recibe con displicencia o peor con indiferencia. Chile está en la antesala de la OCDE y el Perú tiene la misma pretensión pero sus pasivos sociales y económicos le pasan la factura. Hay demasiada desigualdad y necesidades embalsadas y los conflictos sociales siguen estando a la puerta. 

Bien ha hecho Martín Vizcarra en privilegiar la salud pero toca al gobierno pasar de la palabra a la acción. Presupuestos del MINSA sin ejecución son un agravio a las necesidades de los más pobres. Es indispensable exhibir eficiencia para que la formalidad del Estado tenga sentido para todos

jueves, 7 de noviembre de 2019




¿MENSAJES RECIBIDOS?


Mi columna HOJA DE TIEMPO en Correo el 2 de Noviembre 2018

Las protestas convulsionan América Latina. Chile -el gran paradigma del neoliberalismo- no se cansa de manifestar en las calles sin encontrar límites para su violencia e indignación. Como Tony Judt tituló su obra póstuma Algo va mal cuando no se comprende el extremo de los abusos, el maltrato y la desigualdad sistémica. Cuando el sentido común se pierde y el temor se enseñorea la paz social es una ficción. Nadie duda que lo que sucede en otros países es una señal de alerta. Así debe haberlo sentido Martín Vizcarra cuando en la peculiar investidura de su gabinete en Palacio de Gobierno saludó la admisibilidad de la demanda competencial por el TC e insistió en atender aspectos sociales como la salud o el incremento del sueldo mínimo, aunque sabía que afrontaría resistencias empresariales. Ojalá entendiera que no es posible dejar la definición de los destinos nacionales a multitudes que pueden arrasar derechos e instituciones con altísimos costos humanos y económicos.

La violencia está en toda la región, de México a Chile pasando por América Central y en especial en Venezuela donde el estado de derecho, la institucionalidad y la democracia son un engaño. El Perú no está vacunado contra el contagio. Tiene demasiadas demandas sociales embalsadas a lo que se agrega el gravísimo telón de fondo de la corrupción que nos está dejando sin dirigentes confiables. Tenemos una urgencia acelerada de cambio de élites como en los países en que las guerras arrasan generaciones. Por eso necesitamos instituciones sólidas y democracia igualitaria. La crisis de confianza puede desestabilizar coyunturas y horizontes nacionales. La licencia a Tía María es un test riesgoso. 

Idealmente el Perú podría lograr una mejor representación y apostar por el futuro con democracia y madurez pero la urgente agenda social espera atención inmediata para prevenir estallidos.  En momento tan difícil y complicado no funcionan respuestas ambiguas, toca tomar decisiones.

viernes, 1 de noviembre de 2019


¿MENSAJES RECIBIDOS?

En Correo el sábado 2 de Noviembre 2019

Las protestas convulsionan América Latina. Chile -el gran paradigma del neoliberalismo- no se cansa de manifestar en las calles sin encontrar límites para su violencia e indignación. Como Tony Judt tituló su obra póstuma Algo va mal cuando no se comprende el extremo de los abusos, el maltrato y la desigualdad sistémica. Cuando el sentido común se pierde y el temor se enseñorea la paz social es una ficción. Nadie duda que lo que sucede en otros países es una señal de alerta. Así debe haberlo sentido Martín Vizcarra cuando en la peculiar investidura de su gabinete en Palacio de Gobierno saludó la admisibilidad de la demanda competencial por el TC e insistió en atender aspectos sociales como la salud o el incremento del sueldo mínimo, aunque sabía que afrontaría resistencias empresariales. Ojalá entendiera que no es posible dejar la definición de los destinos nacionales a multitudes que pueden arrasar derechos e instituciones con altísimos costos humanos y económicos.

La violencia está en toda la región, de México a Chile pasando por América Central y en especial en Venezuela donde el estado de derecho, la institucionalidad y la democracia son un engaño. El Perú no está vacunado contra el contagio. Tiene demasiadas demandas sociales embalsadas a lo que se agrega el gravísimo telón de fondo de la corrupción que nos está dejando sin dirigentes confiables. Tenemos una urgencia acelerada de cambio de élites como en los países en que las guerras arrasan generaciones. Por eso necesitamos instituciones sólidas y democracia igualitaria. La crisis de confianza puede desestabilizar coyunturas y horizontes nacionales. La licencia a Tía María es un test riesgoso. Idealmente el Perú podría lograr una mejor representación y apostar por el futuro con democracia y madurez pero la urgente agenda social espera atención inmediata para prevenir estallidos.  En momento tan difícil y complicado no funcionan respuestas ambiguas, toca tomar decisiones.