viernes, 3 de febrero de 2012

HACIA DONDE VAMOS?



 LA APUESTA ES POR EL CENTRO?

 
Ollanta Humala viene de un cumplidor viaje a España y Davos. De encontrar a gobernantes, grandes empresarios e inversionistas. Su objetivo, vender la imagen del Perú como país democrático, estable, buen lugar para capitalizar ganancias. Para ello difundió como aperitivo una entrevista con el diario El País donde se cuidó de alejarse de los extremos afirmando que no es de izquierda ni de derecha. Válida la afirmación para su objetivo de exhibirse como un pragmático ubicado en el centro político. Un centro por el cual los partidos conservadores asumen o toleran valores sociales que antes fueron patrimonio de la izquierda y los izquierdistas apuestan por la reforma y descartan la revolución.

Está sucediendo en todo el mundo. El centro es políticamente rentable. Significa la conciencia de que es posible realizar reformas dentro del capitalismo alineando los beneficios del mercado con la equidad y el progreso social. Un enfoque para nada nuevo que dio lugar a la economía social de mercado y aportó prosperidad a Europa y un amplio espacio para las grandes conquistas sociales.

Todo evoluciona pero la urgencia de corregir los desequilibrios permanece. La crisis financiera mundial que ya dura cuatro años viene exhibiendo el carácter despiadado del capitalismo liberal y financiero en la búsqueda del máximo beneficio en detrimento del derecho y la vida de millones de seres humanos explotados, excluidos y humillados por el desempleo. Hay urgente necesidad de ofrecer una alternativa a los errores del sistema al punto que los grandes de Davos aficharon de modo elocuente la necesidad de la Gran Transformación. Y es que la crisis mundial sigue siendo una oportunidad para reafirmar la necesidad de convivencia armónica dentro de la severa constatación de que el capitalismo financiero no tiene patria, solo intereses.

En el centro pueden convivir las banderas de la cohesión social y la justicia social, suficientemente amplias para aglutinar la defensa de los derechos y las libertades de las mayorías aunque algunos sectores radicales lo vean como simple cobertura del pensamiento capitalista que solo pretende pequeños avances. La noción de progreso es más antigua que la de izquierda y no deja dudas del objetivo sin entrar a debatir sobre la vía o el camino. Apostar por el centro es considerarse intermedios, valorar los consensos como un fin en sí mismos, sostener objetivos de cambio moderado y avance paulatino. El centrismo une la economía mixta y la profundización de la democracia, a lo que Humala agrega con buen sentido el respeto a la institucionalidad y al Estado de Derecho.

En este marco está bien afirmar la importancia del crecimiento y de la estabilidad fiscal para atraer inversiones pero sin osar ser inflexibles ni insensibles ante las protestas sociales que podrían poner en riesgo al capital como las inversiones mineras o a los paros sindicales que podrían bloquear o disminuir el crecimiento económico. Las desigualdades sociales siguen reclamando un Estado que redistribuya la riqueza imponiendo algo de ética y mucho de anticorrupción. La apuesta por el centro es la del equilibrio y por ello sigue siendo sumamente difícil. Pero, como lo han demostrado otros gobiernos progresistas en el continente, no es imposible.