viernes, 2 de agosto de 2019


NI SANO NI SAGRADO

Publicado en Opinión de diario Exitosa el 28 de Julio 2019
En deshonrosa audiencia un ex presidente peruano –como un preso común vestido de rojo- recibió la sentencia del juez Thomas S. Hixson para que continúe en una celda norteamericana mientras se resuelve el pedido de extradición del Estado Peruano para que retorne a enfrentar la justicia.
Alejandro Toledo Manrique fue arrestado en California como un delincuente y es hoy un estigma nacional. El mismo Alejandro Toledo Manrique que al comenzar el siglo XXI recibió la confianza ciudadana de quienes apostamos por la recuperación de la democracia durante el corrupto decenio fujimontesinista. En ese momento había indignación en la población y el imperativo de continuar la lucha que desde el cinco de abril de 1992 iniciamos un grupo de patriotas que condenamos la ruptura constitucional y coordinamos acciones de resistencia bajo el reconocido liderazgo de Gustavo Mohme Llona, congresista y director del diario La República, que acogió ampliamente todas las voces. Esa lucha logró la firma del Acuerdo de Gobernabilidad un 26 de noviembre de 1999 que surgió de un verdadero frente democrático para la alternancia.
Eran tiempos de esperanza. Para quienes fundamos el Foro Democrático y luego el Comité Cívico por la Democracia, el fallecimiento de Gustavo Mohme Llona nos obligó a buscar una figura que pudiera encarnar el espíritu de esa prolongada lucha contra el fujimorismo. Los candidatos presidenciales de oposición habían sido progresivamente liquidados por la proterva campaña de desprestigio digitada por Vladimiro Montesinos y el que quedaba era Alejandro Toledo Manrique, un privilegiado al que podíamos investir para continuar la batalla electoral y política interrumpida. No eran sus méritos ya que su propuesta era construir el segundo piso del régimen que denostábamos, era el único candidato inscrito que podría enfrentar electoralmente a Fujimori y a sus deseos de perpetuarse en el poder.
Pusimos en sus manos el trabajo orgánico y los planteamientos consensuados que habíamos impulsado durante ocho largos años. Lo incorporamos al equipo y le entregamos el liderazgo. No lo había ganado, no lo merecía pero era lo que teníamos, en modo alguno le correspondía la vincha con que adornó su cabeza. Con él vino su esposa, la belga Eliane Karp, protagónica, simpática, inteligente y enérgica frente al régimen, muy lejos de la figura flamígera y prepotente en que se convirtió al llegar a Palacio de Gobierno. Su frase sobre su cholo SANO Y SAGRADO quedará para la historia del oprobio, como sarcástica burla a quienes le dimos confianza, participación y voto con altísimo esfuerzo personal.
La imagen de hoy es truculenta. Más de dos años huyendo de la justicia, dueño de una mitomanía ignominiosa que torna más dramática nuestra equivocación. Como dijo Mario Vargas Llosa nadie pudo adelantar este desastre moral. El ambiente de la resistencia democrática fue de optimismo y de confianza en un amanecer democrático. Y encontramos a Toledo para esa conducción ante el hecho consumado de ser el candidato supérstite. La adhesión que le concedimos no implica complicidad y menos aún responsabilidad por sus latrocinios y mala conducta posterior a su victoria. Nunca imaginamos que aprovecharía su gobierno para robar aunque hubiera razones en su trayectoria para sospechar de su falta de honestidad. A comenzar por la leyenda personal que fabricó, con voz engolada, la del cholo humilde, la del lustrabotas que emergió gracias a la educación extranjera. No quisimos creer los hechos bochornosos que se le imputaban.
Triste que hoy se vea comprometida la imagen de la valiosa y valiente oposición democrática antifujimorista y de esa inmensa epopeya social que fue la Marcha de los Cuatro Suyos, en cuya organización honrosamente participamos con un equipo de gente comprometida con el Perú y su destino. Fuimos acusados de homicidio por los incidentes luctuosos del día siguiente. En especial por la muerte de los trabajadores del Banco de la Nación en el espacio donde hoy se levanta la Plaza de la Democracia.

La Marcha fue un acto de fe, de miles de peruanos, de provincianos que llegaron a Lima a pesar de las dificultades y de los designios pavorosos de Vladimiro Montesinos, decidido y sin escrúpulos a impulsar el tercer mandato de Fujimori. Nos denunció como terroristas y culpables de los incendios y del vandalismo que él mismo planeó para ese luctuoso 28 de Julio tan distinto a la noche anterior, festiva, impresionante y pacífica, fruto de la iniciativa de Javier Diez Canseco. La multitud enfervorizada hizo palpable la exasperación de todo el país contra la corrupción del régimen que debía irse bajo la presión indignada del pueblo.

Creamos un ídolo con pies de barro y no lo vimos. Solo él sabía quién era. Y su mujer también. Ni sano ni sagrado explotó lo mejor del sentimiento nacional para terminar como el Alejandro Toledo del traje rojo de la corte de California. No merecía ni la honrosa vincha que se colocó y menos aún la banda presidencial que el pueblo esperanzado le confió. Lección para la juventud: el crimen nunca paga.   



¿HABRÁ CIERRE 
DEL CONGRESO?
En Correo el sábado 27 de Julio 2019
Parece una pregunta ociosa pero en los medios todavía se formula. Es cierto que esta medida tremendista se descarta en casi todos los ambientes preocupados por la política nacional aunque teóricamente podría ser posible conforme a la terquedad presidencial. Terminado el debate congresal sobre la reforma política lo aprobado no es exactamente lo que el Ejecutivo propuso en especial sobre la inmunidad parlamentaria pero es un avance y el contexto cambió. La desaprobación de Martín Vizcarra ha aumentado y caído su aprobación lo que debería implicar mayor calma. Ha perdido apoyo por los magros resultados de su gestión en indicadores clave y la virulencia en el sur cambia prioridades. El horno no está para bollos. El cierre del Parlamento ya perdió  novedad y no tendría justificación ni constitucional ni política. En plenos Juegos Panamericanos, con tanta prensa internacional, sería una barbaridad.
La actitud recalcitrante del Presidente va pasando de moda. Lejano está su momento cumbre cuando planteó ante el Congreso las reformas que ganó con el referéndum de diciembre pasado. Logró la no reelección inmediata de los parlamentarios y el descarte de la bicameralidad, aprobadas sin debate ni reflexión. Si bien el Congreso no es el mejor que podríamos tener sí ha cumplido -de acuerdo a sus prerrogativas legislativas- con la aprobación de las seis reformas políticas.
Nada está dicho pero el Congreso podría ingresar en una nueva etapa si con su nueva directiva decide una agenda común de atención a problemas como la violencia urbana y la situación económica, lo que dejaría descolocado al Ejecutivo en sus arrestos impositivos. Esperemos un segundo semestre más equilibrado y menos beligerante. Toca a la mayoría fujimorista impulsar un consenso temático que genere mayor legitimidad para este poder del Estado y lo saque de la convulsión y de las presiones. Es urgente que legisle también sobre las medidas que la población exige.