DIARIOS CHICHA, QUE NO
SE REPITA
Publicado en Correo el 10 de enero 2015
La prensa chicha envileció el oficio periodístico. Fue usada
para atacar, difamar, exterminar y liquidar opositores políticos. Fue financiada
con el dinero de todos desde Palacio de Gobierno donde Alberto Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos dictaban titulares y determinaban
líneas editoriales de los medios serios y de los no tan serios. Sumaban agravios y
epítetos para todo aquel que osara disputarles el poder omnímodo del presidente y su
corte. AFF agrega por ello su quinta condena y apela afirmando que no hay
pruebas contra él.
Pero AFF nunca fue, como pretende desvergonzadamente, el inocente seguidor del maquiavélico
asesor que -como vimos en un video- creía que se le caía el mundo si Fujimori
no era reelegido. Sus declaraciones y las de altos militares que eran sus secuaces han acreditado las
órdenes presidenciales para la campaña electoral sucia. AFF era el beneficiario y
no podía ignorar lo que todo el mundo veía y sufría en los kioskos. Decir lo contrario
es absurdo y ofensivo. Desvió
122 millones
de las FFAA
al SIN
para ensalzar su imagen y lograr su segunda reelección en el 2000.
Los
fujimoristas -presuntos moralizadores de hoy- aceptan que se compraron
titulares pero asignan la responsabilidad solo al asesor. El arrogante autócrata devenido
en víctima, estaba pintado en la pared. El anciano que hoy proclama inocencia y desconocimiento está muy lejos
del altanero jefe de estado que proclamaba y ejercía omnipotencia para que todos lo vieran. Hoy su apuesta,
y la de su hija, es al olvido y a la desmemoria, saben que gran parte de nuestro electorado nació
después del cinco de abril y desconoce lo sucedido.
La prensa
chicha no fue una acción aislada, fue la distorsión mayor de la prensa escrita
pero no la única, complementó la compra de la línea editorial de las grandes televisoras y de medios escritos considerados serios.
Funesto periodo en el que algunos medios no solo no defendieron la libertad de
prensa sino que se subordinaron al poder, comprados no convencidos.
La moral colectiva importa, las
instituciones son indispensables y la prensa es una esencial. Fujimori nunca ha
pedido perdón por los crímenes
cometidos durante su cogobierno. Aceptar su inocencia implicaría que sus actos
fueron lícitos y que podrían repetirse por cualquier otro presunto salvador de
la patria que llegara al poder. No queremos ni podemos permitir que ello suceda. Los juicios justos son una forma de autoprotección social
para que lo sucedido no se repita. Cuando no hay arrepentimiento, todo
es noble, posible y modélico. Barbaridad.
Las defensas y presuntas
inocencias se amparan en que no hemos trabajado la memoria. A diferencia de los
argentinos que, más allá de su Poder Judicial, han analizado críticamente las
responsabilidades y los traumas de la dictadura militar de Videla, han aclarado
quienes fueron los victimizados, las víctimas y los colaboradores. Ese contexto
nos falta para ver integralmente la estructura malsana de poder que casi se
lleva al país en peso y para ello pagaron el precio mayor en principios morales.
Los juicios justos y las condenas forman parte de la responsabilidad de
defender la democracia y la ética colectiva de sus enemigos. Y en ello estamos todos concernidos.