viernes, 25 de febrero de 2011

LECCIONES ARABES


LIBERTAD SIN DISTANCIAS

LECCIONES ARABES

La nueva ágora es virtual, la madurez política también. La
historia del mundo árabe moderno se está rescribiendo sin
consignas dejando lecciones para quien quiera asimilarlas.

La primera es que no hay distancias para la libertad y la
democracia. El mundo es pequeño y grande a la vez. Todos
bebemos de una misma inspiración para los pueblos. Contra
las caricaturas y los intereses creados están demostrando que
el autoritarismo va acabando sus días de la mano de
juventudes alertas que comparten informaciones e ideales. Que
no aceptan ser relegadas en la vida y en la historia. Occidente
ha quedado muy mal ante el mundo. Esperando a ver si los
autócratas, a los que siempre apoyaron para mantener un
equilibrio frágil en la región, podían recuperar el poder y volver
a lo de antes. Y no han podido y las autocracias van cayendo a
un altísimo costo en vidas humanas pero caen. Obama pudo
salvar, gracias a sus reflejos, el rostro y el discurso al decidir
dar a última hora el apoyo a los libertarios egipcios. Que no a
los liberales, no confundir por favor.

Dos. Los revolucionarios árabes no lo son sólo para su región
convulsa, abandonada y vilipendiada, lo son para el mundo al
que están prometiendo un tiempo nuevo, exigiendo una forma
de gobernar y de comportarse más transparente, más de
acuerdo con lo que los políticos predican, rompiendo y
arrastrando las máscaras y los secretos a los que el poder nos
ha acostumbrado. Tiempos de Internet y de redes sociales, de
filtraciones de Wikileaks, tiempos de compartir y ver el mundo
de manera distinta, tiempos sin dictadores ni reyezuelos, sin
poderes absolutos a los que se creía habían derrotado las
revoluciones del siglo XIX, la norteamericana y la francesa,
pero pervivían y vaya cómo lo hacían. Que lo digan quienes
durante décadas sufrieron a los Mubarak y a los Kadafi.

Tres. Los jóvenes de la plaza de Tahrir, no se reclamaban de
derechas ni de izquierdas, eran libertarios y demócratas en el
sentido más puro. Las ideologías del siglo XX van camino del
desván, unidas en el estigma de la prepotencia y la ineficiencia,
de la defensa de las minorías del capital y la fuerza. Las ansias
de libertad y de progreso de jóvenes globalizados por la
información y por la tecnología son más poderosas que las
armas convencionales de un Gadafi o de un Mubarack. Más
fuerte es el sacrificio del tunecino inspirador que los cañones y
misiles comprados a altísimos precios a Occidente, perdedor
de estas jornadas épicas. Y jóvenes globalizados y
tecnologizados hay en todo el mundo, también entre nosotros.

Cuatro. Queda lo más importante. Apoyar los esfuerzos por la
construcción de la democracia y el progreso de quienes han
preferido el baño de sangre a la postergación y a la pobreza.
Viven sobre ríos de oro negro pero la prosperidad no les llega.
Washington y Bruselas, Sao Paulo a la cabeza de los
emergentes, deben hablar y actuar ahora para descartar las
dictaduras. La nueva división del mundo es entre autoritarios y
libertarios democráticos pero no está asegurada si Occidente
no se pone de acuerdo para ayudar a Oriente. Que su famoso
liderazgo se manifieste, que no se vea que sólo escondía el
interés y la adicción por el petróleo. A ver si es cierto que
Barack Obama, como lo dijo en reciente rueda de prensa, está
"en el lado correcto de la historia".

Cinco. No cabe duda que la tecnología ha ampliado
irreversiblemente el espacio público. Y que en la vanguardia se
colocan los más jóvenes. Corresponde a los Estados garantizar
la conexión libre a Internet como la mejor forma de
contrarrestar la exclusión. La revolución tiene una agenda
tecnológica que la hace posible.

Seis: Estabilidad no siempre rima con libertad ni con
democracia. Las oleadas de cambio en el mundo árabe lo han
demostrado. Estabilidad era retraso y prepotencia. No pocas
veces las élites políticas y empresariales la privilegian en
colusión con sus homólogos nacionales que apoyan las
dictaduras. La estabilidad a cualquier precio no es un valor.

Siete: Los ciudadanos del mundo sabemos ahora que podemos
presionar directamente por lo que deseamos, sin esperar a que
nos caiga del cielo. Exigir más acción y responsabilidades y
menos ofertas que desaparecen en cuanto los políticos toman
el poder.

viernes, 18 de febrero de 2011

EL NUEVO PROGRESISMO EN AMERICA LATINA




EL NUEVO PROGRESISMO EN AMERICA LATINA

El giro a la izquierda y la legitimidad del centro

1.    En su Primera Parte el libro aborda el contexto internacional de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI caracterizado por la búsqueda del equilibrio ideológico, el rechazo a los extremismos ideológicos y políticos, desde el Consenso de Washington en adelante. El surgimiento después de la caída del Muro de Berlín del espacio post soviético caracterizado por la adecuación al mercado y a la democracia. El inicio de la modernización china con una forma de gobierno especial llamada socialismo chino de mercado. La protección por Europa de su modelo social del Estado de Bienestar y el resurgimiento de la socialdemocracia que se adecua a la modernidad a través de la Tercera Vía propugnada por Tony Blair.

Dentro de este contexto se abordan las características de los gobiernos considerados de izquierda en Europa, que en un momento a fines del siglo XX llegaron a ser ampliamente mayoritarios, 15 en total. Ellos se caracterizaron por dar primacía a la política sobre la economía, por el esfuerzo por regular el capital y por impulsar el cumplimiento de dos objetivos: el crecimiento y el empleo. Con ellos resurge el concepto de Progresismo que los radicales izquierdistas cuestionan como nuevo Conservadurismo.

2.    En la Segunda Parte con el título el Progresismo en America Latina el libro aborda la adecuación de las izquierdas que dejan el camino de la revolución armada y van hacia el equilibrio entre Estado y Mercado logrando regímenes social demócratas cuya gobernabilidad es construida a partir de la concertación: el caso chileno es el paradigma. Este renacer del reformismo significará el encuentro de dos utopías, la del Liberalismo social y la de la social democracia. Los gobiernos de izquierda o progresistas, bajo presión nacional por los conflictos sociales e internacional por las exigencias de la globalización, van encontrando en el camino del centro la vía más adecuada para gobernar con mayores consensos.

3.    En la Tercera parte figuran las diferentes variantes en el espectro de la izquierda pero todas obligadas a un ejercicio de equilibrio económico que a su vez reclama un Estado Fuerte, regulador, promotor y redistribuidor. Un Estado que más que un rol subsidiario cumple un rol complementario a la actividad privada.

Se revisan rápidamente las características de los modelos sudamericanos de los regímenes considerados de izquierda: Los llamados populismos liderados por Hugo Chavez y los gobiernos inspirados en la Socialdemocracia.

Ese progresismo tiene rostro integrador para América Latina. Se pasa rápida revista a los problemas del proceso de integración en el continente.

4.    La Cuarta Parte trata sobre las Formas Y Reformas Politicas que deben abordar los gobiernos progresistas en la región comenzando por la modernización de sus regímenes políticos respondiendo al dilema entre Presidencialismo y Parlamentarismo. Cómo concilian democracia y desarrollo, cómo enfrentan el desgaste de los políticos, la debilidad de las instituciones  y logran la subordinación de los militares al poder civil constituido.

En esta parte se aborda la respuesta progresista a la globalización y la influencia de los medios masivos de comunicación a través de la llamada Democracia de Opinión.

5.    En una Quinta Parte se aborda el Modelo Peruano caracterizado por la Continuidad Económica y por el cambio responsable propuesto por Alan García. La ubicación ideológica del gobierno peruano va del centro a la izquierda con el apoyo del empresariado y la influencia ideológica del Aprismo.

La conclusión va en el sentido de que el pregonado giro a la izquierda que se supone se estaría dando el continente no es tal pues hasta los gobiernos populistas presuntamente radicales se ven obligados a manejar responsablemente la economía por la presión de la globalización ubicándose mas bien en posiciones de centro que combinan manejo responsable y atención a lo social dentro de la disciplina fiscal. 

A la pregunta ¿Qué Hacer En América Latina? se responde con una acción determinada por:

1.    Un mayor esfuerzo de democratizacion política y social que lleve a la inclusión.
2.    La reformulacion de un modelo económico adecuado a cada país que respete la búsqueda de Modernidad y la necesidad de inserción autónoma en la globalización.



IDEAS FUERZA

-         El nuevo progresismo tiene como objetivos la cohesión social y la justicia social. Más allá de las diferencias entre izquierda y derecha el libro pretende una concepción unificadora en torno a estos objetivos para expresar la  idea de una izquierda en busca de modernidad y eficacia.

-         La confrontación vivida en el siglo XX deja paso a la concertación y el equilibrio. La caída del Muro de Berlín derrotó el autoritarismo comunista. Las crisis eonomicas como la asiática, la rusa y la actual están obligando a repensar los dogmas neoliberales.

-         Las ideas que antes parecieron sólidas se adaptan y modifican. Los revolucionarios de ayer son los progresistas de hoy que retoman la visión humanista.

-         En América Latina los gobiernos deben responder a una fuerte presión social, atender a los pueblos que reclaman eficacia sin mucha paciencia, que exigen se erradique la pobreza y la exclusión en democracia sin reeditar rupturas ni autoritarismos. Quedaron atrás la dictadura del proletariado, el Estado dominador y la lucha de clases. Los social demócratas rescatan la justicia social, la repartición de los frutos del trabajo, apuestan por la reforma gradual, lejos de la violencia del radicalismo.

-         Ya no hay lugar para las semi democracias o democracias de baja intensidad, tampoco para semi dictaduras o regímenes que hacen tabla rasa del Estado de Derecho. Los radicalismos neoliberales que hacen caso omiso de la pobreza, el desempleo y el creciente malestar social, pierden piso al igual que la competitividad del trabajador barato y sin derechos.

-         Combatir las desigualdades sociales es consigna autodefensiva. El desempleo creciente, la exclusión de amplios sectores sociales son antinómicos de la estabilidad y de la gobernabilidad. Un mínimo de bienestar social es prerrequisito para competir en el mundo globalizado.

-         La debilidad de las sociedades latinoamericanas no viene de la carencia de recursos naturales, económicos o humanos sino de la ineficiencia de las instituciones. El énfasis se traslada del desarrollo de los recursos a los modelos para organizar la cooperación y la acción colectivas. No es tanto un problema de gobierno como de gobernabilidad.

-         La pobreza es una seria amenaza a la democracia. Lo preventivo e inteligente es una estrategia que atienda las demandas sociales y garantice la estabilidad. Las mesas de concertación, los diálogos y acuerdos nacionales definen políticas de Estado destinadas a generar suficiente estabilidad para alentar la inversión privada nacional e internacional.

-         Se va poniendo fin a la historia política regional caracterizada por el exceso de ideología, por la confrontación permanente de suma cero en la que todos pierden y nadie gana.

-         Es imperativo atender la fuerte conflictividad social, las turbulencias que pueden derivar en inestabilidad e ingobernabilidad y echar por la borda los esfuerzos nacionales por el crecimiento y el desarrollo. El marco común es el desencuentro de la sociedad con el Estado a partir de la crisis de representación política y de la debilidad de nuestras instituciones.

-         Los Estados nacionales siguen siendo responsables del bienestar colectivo y de la regulación de los mercados a condición de compatibilizar intervencionismo con iniciativa privada y de combinar valores del capitalismo y del socialismo con el propósito de superar ambos y ubicarse en el centro político.

REFORMULACION DEL  MODELO

En América Latina hay varios modelos con distintas visiones de la sociedad civil y de la ciudadanía pero todos comparten el respeto a la democracia formal. Cómo funcionan para  recomponer las relaciones entre Estado y sociedad?

Hay un primer modelo que reconstruye la nación desde la acción estatal, con liderazgo personalizado, y otro segundo que lo hace desde el liderazgo institucionalizado de los partidos.  Uno responde a la movilización política permanente, y al caudillismo sobre todo cuando se han destruido los partidos, caso de la Venezuela de  Hugo Chávez cuya dificultad mayor es su voluntad de perpetuarse en el poder a costa de dividir a la sociedad y de fragilizar las instituciones. Un segundo modelo está representado por la Concertación chilena en cuyos cuatro gobiernos ha habido participación central de los partidos, se ha fortalecido la democracia y las instituciones reconstruyendo la sociedad a través del sistema de partidos.

En ambos modelos se generan tensiones entre la sociedad y sus políticos que no siempre se solucionan y procesan dentro de la democracia.

Agregado a los dos mencionados está el modelo de mercado, promovido por los organismos internacionales como el Banco Mundial. Su crítica al Estado y su voluntad de reducirlo a favor del mercado como forma de asignación de recursos y de organización de la sociedad ha sufrido un duro golpe con las crisis que el mundo ha debido afrontar. La asiática de fines del siglo XX y la del 2008 que han dado paso a un mayor respeto por un aparato estatal destinado a políticas que complementen, regulen y supervisen al mercado. El Estado es útil para equilibrar al mercado y no es posible reducirlo ni debilitar su rol dirigente ni su papel activo de la sociedad si se quiere preservar al sistema.

En Latinoamérica no hay modelos ni esquemas predeterminados ni perfeccionados. Los regímenes actuales combinan elementos, obedecen a particularidades nacionales. Contrastar ventajas y logros puede ayudar a construir uno propio para el continente.

La democratización debe entenderse más allá de lo electoral, como verdadera organización del poder y de la sociedad en todos los ámbitos, con la participación de los actores sociales en el destino de sus países.