miércoles, 8 de julio de 2015


 
ALAN GARCIA:
SEGURIDAD E IGUALDAD.
Para Portal Punto de Encuentro. 09 07 15

La campaña electoral ya está en marcha aunque para la oficial habrá que esperar a las inscripciones de enero y a los calurosos idus de febrero. Los que saben afirman que no se puede dejar nada al azar cuando tenemos un país en plena crisis de credibilidad y confianza. Y cuando el presidente y su esposa no alcanzan a asegurarse políticamente después de julio del 2016 y se debaten entre las denuncias que se renuevan y las investigaciones que avanzan a trompicones. Todo puede suceder pues estamos ante un año final que se inicia con la pérdida del nacionalismo de su control congresal vía una nueva mesa directiva en manos de la oposición.

El elenco estable de la política nacional comienza a actuar y debe hacerlo con mucha prudencia y responsabilidad pensando en un acuerdo implícito por la estabilidad democrática sin la cual ninguna alternancia legítima será posible. Ollanta Humala debe terminar su mandato y entregar el poder como previsto dentro de un año a su sucesor, elegido en una contienda transparente y libre.

Esta transcurrirá con un presidente acosado que pierde poder a pasos agigantados, que ingresa al llamado periodo del “pato cojo” durante el cual mandará cada vez menos -y cogobernará con su inexperta cónyuge cada vez más- por lo cual las oportunidades para los errores políticos estarán a la vuelta de la esquina. La receta de la oposición sin dejar de serlo será ponderación y equilibrio.

En este contexto Alan García seguirá siendo el candidato más temible, a despecho de los porcentajes que hoy le asignan las encuestas. Desgastado como podría estar por las denuncias e investigaciones en su contra nadie duda, sin embargo, de su capacidad, de su oratoria y de su experiencia. Ese 10% de intención de voto que le están dando es mucho mayor que otros puntos de partida a los que se enfrentó con convicción y armas personales y partidarias para llegar al éxito.

En política se disputa la hegemonía del mensaje y de las ideas, se convence, se persuade, la lucha es palmo a palmo en la mente de la gente. No será fácil, la ciudadanía se muestra escarmentada y  temerosa, con desconfianza, hastiada de promesas, afligida por la corrupción y la deshonestidad, sumergida en realidades que los candidatos no abordan adecuadamente para recuperar la ilusión. El discurso político se ha devaluado y la crisis de fe flagela con razón o sin ella a quienes tienen el poder y hacen mal uso de él y a quienes quisieran tenerlo o volver a él como es el caso de AGP.

A García le favorece el oficio y la intuición de político de raza iniciado en su infancia y juventud, conoce el terreno y ha demostrado que sabe adelantarse a contendores y enemigos. Duro de roer, duro de eliminar, duro de vencer. Ni Montesinos con su inmenso poder pudo sacarlo de la cancha a la que retornó después del largo exilio posterior al cinco de abril con un discurso eficaz y hasta poético. La plaza San Martín del 2001 multitudinaria y entusiasta fue y seguirá siendo el símbolo de su retorno. Quince años después podrá enseñorearse en ella si se convierte en la nueva esperanza y enfrenta como debe ser los cuestionamientos morales que lo afectan y se rodea de gente confiable, que ofrezcan aval de honestidad y de lucha contra la corrupción. Difícil pero no imposible

Y sobre todo voluntad de cambio. No habrá victoria electoral sin cambio ético, social, político y económico posible. Con la ley “Pulpín” AGP demostró que puede sintonizar con los jóvenes mientras PPK y Keiko aparecieron desbordados y sin reflejos ante los ímpetus y energía de las calles. La política ha cambiado, las redes y la Internet facilitan conexiones y mensajes para difundir promesas ante una situación nacional que hace agua en temas sociales y de seguridad.

Por eso el lema elegido por Alan García para el 2016 es acertado: seguridad e igualdad. Lo primero no necesita explicación, la inseguridad y los temores nos asaltan literalmente. Pero la igualdad sí requiere precisión de contenidos y de modalidades, para sintonizar con la gente que se indigna, conectar con la que se reclama afectada por las discriminaciones y por esa ofensa permanente que son la pobreza y la corrupción.

Y en la lucha contra la desigualdad podría estar la clave de su éxito, si la desagrega para ubicarse pragmáticamente en el centro, de ser posible escorado a la izquierda democrática y social que el patriarca Armando Villanueva tuvo como estandarte hasta su muerte.

García sabe que en la derecha se agolpan todos sus adversarios ambicionando el abrazo de la CONFIEP. Entiende que su oferta de cambio responsable lo llevó a Palacio por segunda vez cuando tenía todo en contra. Cuenta con la experiencia que le permitirá la hegemonía, poner la agenda política y mediática electoral.

Aunque es difícil ubicarse en el centro como espacio intermedio entre la izquierda y la derecha desde que ambos polos casi se han mimetizado es necesario que ante los nuevos desafíos trate de diferenciarse. Nuestro pueblo es más pragmático que ideológico. Se fija en la ejecutoria y en la experiencia que contrasta con la ineficiencia. AGP tiene miles de obras en su buen segundo gobierno pero no serán suficientes. En tiempos en que la derecha de Estados Unidos nacionaliza bancos, en que la izquierda aprueba ayudas millonarias para salvarlos y que hasta un ex presidente francés como Sarkozy propone "refundar el capitalismo" es imposible ser simplemente conservador o progresista.

Dice bien George Lakoff que los electores toman su decisión basándose "en los valores, en la capacidad de transmitir, la autenticidad y la confianza". Frente a la razón priman las cuestiones simbólicas, morales y emocionales. Y en ello García sigue siendo, además de político temible, intelectual cultivado con mucha experiencia política y de gobierno lo que le permitirá tocar fibras con su lema seguridad e igualdad. Veremos el partido que logra.

 

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