jueves, 5 de septiembre de 2019


LA VOZ DEL PUEBLO
Y LA DE LOS MEDIOS
En diario Exitosa el domingo 25 de agosto 2019
Ya pasó más de un mes de la propuesta de adelanto de elecciones y el escenario es de desconcierto total. Nadie sabe cómo terminará esta crisis. Los peores augurios están presentes. Gobierno y oposición deben entender que no se trata solo de sus intereses. No pueden mostrarse intransigentes ni irreductibles, como si de su hacienda se tratara. Si no quieren ir contra la historia deben asumir el interés nacional y facilitar el acercamiento de posiciones para una salida negociada o intermedia.
Ningún escenario de los que se plantean es bueno. El peor sigue siendo el lamentable vaivén entre un Congreso que impulsa la vacancia presidencial y un Ejecutivo que por cuestión de confianza rechazada lo disuelve. En ningún país democrático se liquida el Congreso porque al presidente no le gusta o porque la calle grita su cierre.
El reciente discurso de Martín Vizcarra en Tacna no llama a la serenidad ni a la reflexión. El pueblo soy yo es la auto referencia del líder o caudillo que cree que tiene el monopolio de la razón, que cree sintonizar con las aspiraciones del ‘pueblo’ e interpretarles desde su torre de marfil.
Pero nadie es dueño de la verdad y el pueblo sigue siendo una abstracción, lo que existe es el conjunto de individuos con ideas diferentes que pueden venir de la realidad pero también de la desinformación o de la manipulación mediática. En su discurso de Tacna la crítica aparece como difamación y el desacuerdo como traición al pueblo. Nadie puede disentir y menos plantear objeciones constitucionales sin defender privilegios y dar la espalda a los peruanos. ¿Este es espíritu de diálogo? ¿Se trata de doblegar o de razonar por interés nacional?

Si la voz del pueblo fuese infalible el mérito sería del que califica bien lo que merece ser aprobado. El pueblo está integrado por seres humanos falibles, que aciertan y se equivocan. Ha sucedido muchas veces y sin ir muy lejos ese terrible Congreso que supuestamente se quiere cerrar es el mismo que el pueblo eligió en las urnas sin una pistola en la sien.  
Es cierto que en democracia prevalece la voz de las "mayorías" pero pueden darse distorsiones que generan desaciertos por manipulación. Los políticos cantan loas al pueblo cuando reconoce resultados y desprecian las opiniones opositoras que no satisfacen intereses y egos. Por un lado corre la presunta infalibilidad y por otro se ignora la voz ciudadana que critica el desgobierno.
Las buenas decisiones están ligadas indefectiblemente a la buena información. Al ciudadano se le entrega cifras de encuestas o un escrutinio limitado que no le permite tomar decisiones de envergadura y significado. El derecho a la información no siempre es respetado por el poder mediático cuando sirve de eco a los bandos en pugna en especial al del Presidente cuando concede y distribuye publicidad oficial.  

Ante la intransigencia de los poderes del Estado otra mirada debería venir de reporteros y columnistas algunos de los cuales muchas veces retan, juzgan y condenan. Nos toca reflejar la realidad, afinar la mirada y asumir qué fin perseguimos como comunicadores que se relacionan con la sociedad en que viven.
No hay que olvidar que en los medios se construye el relato que ilustra y condiciona la forma de entender al mundo. Desde nuestros espacios elaboramos la narrativa que determina la actitud para afrontar lo que sucede. Tan importante es la mirada de los medios sobre lo que ocurre como las preguntas que hacemos, las dudas que albergamos y los aspectos en que nos fijamos y por qué. Ojalá más cerca de la conciencia y más lejos de la consigna o de la voz que en el oído nos dicta lo que debemos decir o preguntar.


LA GRAN INCERTIDUMBRE

En Correo el sábado 24 de agosto 2019

Pasan los días sin avances. La incertidumbre es la regla. Martín Vizcarra asegura que el adelanto de elecciones para el 2020 “no es negociable” y tiene poco o ningún interés en reunirse con el titular del Congreso, Pedro Olaechea. No busca escuchar a nadie más que a sí mismo y a su entorno cercano con el cual se alinea el coro mediático que le debe su supervivencia.

El discurso que pronunció en Tacna tiene serios bemoles puestos de relieve por un editorial del decano. El pueblo soy yo es la auto referencia del líder o caudillo que supuestamente sintoniza con las aspiraciones del ‘pueblo’ y  las interpreta correctamente desde su torre de marfil. Desde ahí pretende ser la encarnación de una abstracción cuando lo que existen son individuos con ideas que pueden venir también de la manipulación mediática. En su discurso toda crítica aparece como difamación y todo desacuerdo como traición al pueblo honesto. Nadie puede disentir y menos plantear objeciones constitucionales sin defender privilegios y dar la espalda a los peruanos. ¿Este puede ser el espíritu de diálogo que ofrece? ¿Se trata de doblegar a alguien o de razonar?

El imperativo de la razón reviste urgencia desde que todos los escenarios que se plantean son negativos, requerimos del acercamiento para una salida negociada a una crisis política que se prolonga en lo económico con todo el daño posible. El peor escenario es aquel donde el Congreso impulsa la vacancia presidencial por “incapacidad moral” (por Chinchero y los nuevos indicios descubiertos) o que por una cuestión de confianza se disuelva el Congreso. Todo extremo es perjudicial y en ningún país democrático se disuelve el Legislativo porque al presidente no le gusta o porque la calle grita que se cierre. Necesitamos colocarnos más cerca de la razón y más lejos de la manipulación y de las ambiciones irreductibles.


miércoles, 28 de agosto de 2019


¡GABINETE 
DE UNIDAD NACIONAL!

En diario Exitosa el domingo 18 de Agosto 2019

Lejos de los excesos, cerca del equilibrio indispensable, hacer política significa solucionar conflictos dentro de las instituciones. Para ello se necesita mucha flexibilidad. Las cabezas del Ejecutivo y Legislativo deben buscar y encontrar una salida más cerca de la racionalidad y más lejos de la anarquía. Es posible avanzar en una agenda consensuada y un gabinete de unidad nacional, multipartidario, con profesionales notables dispuestos a poner el Perú primero. Martín Vizcarra debe fijar la fecha y negociar el adelanto de elecciones que hoy es la manzana de la discordia.

Hoy más que nunca requerimos del ánimo dialogante para dejar de lado la terquedad que nos ha llevado a esta crisis política multiforme que se traduce en una total incertidumbre respecto de quien gobierna en el Perú y de quién gobernará en el corto y mediano plazo. Agravada por la desconfianza en los políticos y en las instituciones que nos saturan con escándalos por corrupción o por ineficiencia.

Si queremos proyectar estabilidad para recuperar inversiones y avanzar al desarrollo necesitamos reconstruir credibilidad y autoridad. Lo que estamos viviendo es un severo retroceso, no un simple bache en el camino, un momento muy difícil de indefensión e irresponsabilidad. Nadie garantiza nada y lo único que le queda al ciudadano es preocuparse por su propia supervivencia y la de su familia.

Este es el estado de ánimo del pueblo al que Martín Vizcarra alude como infalible decisor. Hay hartazgo de confrontaciones, pugnas, descalificaciones e intolerancia a lo que se agregan una enorme corrupción y desconfianza en instituciones, partidos y políticos. Nadie se salva, menos aún un Presidente que no gobierna y quiere irse o un Congreso impopular por escandaloso e ineficiente.

Basta de amenazas de vacancias presidenciales o de cierres congresales. El pueblo pide soluciones a problemas concretos y lo que ve es un entrampamiento político que empeora las cosas. Ambos poderes debieron ponerse de acuerdo hace tiempo en una agenda mínima para enfrentar la violencia urbana, la economía, la salud y el desempleo, entre temas esenciales, pero se han distraído abordando reformas que siendo importantes no se concretan. Ni la judicial bloqueada sin haberse designado la Junta Nacional de Justicia, ni la política que aprobada por el Parlamento, y con las autógrafas en Palacio hace 17 días, el Presidente ni las observa ni las promulga.

La desconfianza y el cuestionamiento a nuestro sistema político están llegando a la desmesura. El debate mediático deja en claro el desprestigio de los políticos que desatienden el interés general y no exhiben transparencia ni ética.

Martín Vizcarra pidió al Congreso de la República que plantee alguna vía de solución sobre el adelanto de las elecciones que aún no ha sido debatido ni aprobado. Pero después ha dicho dice que su propuesta no es negociable echando más sombras sobre la economía e incrementando el temor y la incertidumbre. El presidente debe entender que es indispensable que se reúna con Pedro Olaechea para ponerse de acuerdo en una agenda común que atienda los reclamos sociales. Que el presidente recuerde sus propias palabras y no se contradiga “Busquemos la forma de encontrar una salida a este entrampamiento, y el planteamiento que hacemos como Ejecutivo, responsablemente, es este proyecto de adelanto de elecciones. Si hay otra opción, que la planteen”.

Y está planteada, es posible dar a los distintos sectores un asiento en un gabinete de unidad nacional para mirar a un mismo objetivo y abandonar el choque estéril. Tiempo de aceptar la mano tendida del titular del Congreso. Tiempo de pasar de la palabra a la acción sin demagogia, retrocesos ni incoherencias. Siempre pueden venir cosas peores.  

Felicitaciones al magistrado Jorge Chávez por su rechazo a la prisión efectiva para PPK. El pedido del fiscal Domingo Pérez es penalmente insolvente, irracional e inhumano para el ex mandatario enfermo, solo y sin familia, encerrado en su domicilio. Las visitas son necesarias para su fortaleza emocional y ningún exceso debe aceptarse en un Estado de Derecho.


SIN LUGAR 
PARA LA INTRANSIGENCIA

En Correo el 17 de Agosto 2019

No solo tenemos una crisis política por colisión de poderes, existe incertidumbre total respecto de quien gobierna y de quién gobernará. A ello se agrega la desconfianza en los políticos y en las instituciones por frecuentes escándalos por corrupción o ineficiencia. Es urgente reconstruir credibilidad y autoridad. Y no es fácil cuando impera la percepción de que todo marcha en piloto automático y nadie garantiza nada.

El pueblo al que Martín Vizcarra se dirige como infalible decisor está harto de confrontaciones, pugnas, descalificaciones e intolerancia a lo que se agregan una enorme corrupción y desconfianza en instituciones, partidos y políticos. Nadie se salva, menos aún un Presidente que no gobierna y quiere irse o un Congreso impopular por escandaloso e ineficiente.

Si queremos proyectar estabilidad para recuperar inversiones y avanzar hacia el desarrollo necesitamos reconstruir credibilidad y autoridad. Lo de ahora es un severo retroceso, no un simple bache en el camino.

Basta de amenazas de ida y vuelta de vacancias presidenciales o cierres congresales. No hay lugar para la intransigencia. El pueblo pide soluciones a problemas concretos y lo que tiene es un entrampamiento político que empeora las cosas. Ambos poderes debieron ponerse de acuerdo hace tiempo en una agenda mínima para enfrentar la violencia, la economía, el desempleo, la salud pero se han distraído abordando reformas que siendo importantes no se concretan, ni la judicial que está bloqueada ni la política que ya aprobada por el Parlamento todavía no se  promulga.

Hacer política significa solucionar conflictos dentro de las instituciones. Muy bien que se reúnan Vizcarra y Olaechea para buscar una salida más cerca de la racionalidad y más lejos de la terquedad. Lo mejor sería dejar de lado el adelanto de elecciones y avanzar con una agenda consensuada y un gabinete de unidad nacional, multipartidario, con notables dispuestos a poner el Perú primero.

lunes, 19 de agosto de 2019



¿AL BORDE DE LA ANARQUÍA?

En diario Exitosa el domingo 18 de Agosto 2019

El telón de fondo del debate político nacional no puede seguir siendo el adelanto de elecciones o la vacancia presidencial o el cierre del Parlamento, todas salidas catastróficas que no funcionan para el país. El diálogo de verdad implica voluntad de hacer concesiones. Si de encontrar salidas racionales se trata necesitamos un reencuentro político social vía una agenda común Congreso-Ejecutivo y un nuevo gabinete multipartidario.

El presidente pregunta demagógicamente ¿Por qué le temen al pueblo? Y quiere darle voz vía referéndum cuando sabemos que las calles también pueden equivocarse. La aceptación en las encuestas no es solución y la voz del pueblo no es la de Dios. Ahí están los resultados deleznables de la ruptura constitucional del autogolpe del cinco de abril celebrado y aprobado mayoritariamente en su momento.

El pueblo puede ser manipulado y cuando hay confusión o irresponsabilidad no existe su infalibilidad ni para la aceptación ni para el rechazo. Y más aún cuando hay intransigencia en los altos niveles que hablan de diálogo mientras usan el serrucho y recurren a la beligerancia o a alentar a las calles hacia respuestas violentas.

La ruptura de la bancada de gobierno con la renuncia de Mercedes Aráoz, Carlos Bruce y Ana Choquehuanca  ha sido la cereza del pastel que nos pone ante situaciones extremas, rubrica los desencuentros entre el jefe de Estado y la vicepresidenta Aráoz y deja a Vizcarra sin apoyo parlamentario. Vale decir que determina que las instituciones vayan perdiendo peso y posibilidades de coordinación o de confluencias mientras ganan las vías violentas o de mayor obstrucción.

Como sucede con la guerra EEUU China en esta confrontación Congreso y Ejecutivo perdemos todos. Los capitales políticos están camino del agotamiento por tanto hay que recurrir a soluciones de emergencia. En varias oportunidades se ha planteado un gabinete de unidad nacional para romper la colisión de poderes y las propuestas de escenarios frustrantes y negativos. Un Gabinete de ancha base expresa voluntad de convergencias y de acuerdos y aleja indeseables extremismos.

Queda visto que el adelanto de elecciones no pasará en el Congreso donde la lógica sigue siendo de guerra. Sabemos que las relaciones Ejecutivo y Legislativo desde el 2016 han sido de polarización negativa y de autodestrucción. Es momento de poner un alto racional y reflexivo. Los escenarios que se plantean no representan soluciones y si destrucciones posibles de lo logrado en democracia y economía.
Un gabinete de ancha base, multipartidario o de unidad nacional es un recurso usado por gobiernos de distinto signo para salir de crisis prolongadas e instaladas. Parece evidente que el fujimorismo no aceptará integrarlo pero siempre podrá el presidente designar personalidades cercanas que le permitan participar y ser consultado en aspectos centrales. Y los demás partidos podrían ocupar las principales carteras para demostrar que estamos en una democracia madura y estable donde se forman Un gabinetes conversado que descarta el choque de poderes e implica calidad y representatividad ministerial en un régimen de transición que nos lleve a progresar institucional y políticamente.
Si no queremos afectar aún más la economía, las inversiones y la democracia, que avanza hacia el bicentenario sin interrupciones. Y menos aún dar paso a aventureros extremistas que sacan provecho de la algarada callejera convenientemente alentada, necesitamos un Ejecutivo racional sin intransigencias y una oposición parlamentaria viable que en la práctica exhiba capacidad para atender las clamorosas necesidades sociales. Un acuerdo entre ambos poderes bloquearía las propuestas antisistema con entendimientos posibles en democracia y sin dejar de luchar contra la corrupción. Seguiremos.




BUSCAR LA SALIDA

En diario Correo el sábado 17 de agosto 2019

La anarquía planea sobre los distintos escenarios que se vislumbran. Todos preocupantes, todos revelan poca racionalidad y muchos intereses contrapuestos, todos parecen olvidar las necesidades sociales y los intereses nacionales. Los peruanos estamos angustiados, sin orden ni seguridad jurídica ni política, la economía podría ir hacia el despeñadero. Las salidas se cierran por la intransigencia y por la irresponsabilidad en los altos niveles que deberían hacer realidad el diálogo pero solo lo ofrecen demagógicamente mientras usan el serrucho y recurren a la beligerancia o a alentar a las calles hacia respuestas violentas.

Lo dramático es que no parece haber equilibrio y calma para conducir el país y pensar mejor las opciones. Y no es la popularidad lo que está en juego. Los altos números de aceptación en las encuestas no son solución y la voz del pueblo no es la de Dios, también puede equivocarse. Ahí están los resultados deleznables de la ruptura constitucional del autogolpe del cinco de abril celebrado y aprobado mayoritariamente en su momento.

Como pensar en la infalibilidad del pueblo para la aceptación o para el rechazo cuando en su conducción impera la confusión y el coro mediático. Ni sentido común ni voluntad de dialogo. La ruptura de la bancada de gobierno con la renuncia de Mercedes Aráoz, Carlos Bruce y Ana Choquehuanca  es la cereza del pastel. Rubrica los desencuentros entre el jefe de Estado y la vicepresidenta Aráoz y deja a Vizcarra sin apoyo parlamentario pues integrar a Yesenia Ponce es un autogol de polendas.

El telón de fondo no puede seguir siendo el adelanto de elecciones o la vacancia presidencial o el cierre del Parlamento, todas salidas catastróficas que no funcionan. El diálogo de verdad implica hacer concesiones. Se trata de encontrar salidas racionales para lo que necesitamos un reencuentro político social vía una agenda común Congreso- Ejecutivo y un nuevo gabinete multipartidario. Seguiremos.

lunes, 12 de agosto de 2019


¿ENTRE LA CRISIS PRESENTE 
Y LA FUTURA?

En diario Exitosa el domingo 11 de Agosto 2019
La incertidumbre y la inseguridad se han adueñado del escenario lo que no es bueno para la política y menos aún para la economía. ¿El Congreso aprobará el adelanto de elecciones? Ya pasaron dos semanas del anuncio presidencial y las encuestas afirman un apoyo del 75% para la propuesta de Martín Vizcarra.
No será nada fácil. Con los días se ven las dificultades. Ambos poderes se mantienen firmes uno en la propuesta y otro en el rechazo con intransigencia con la que todos perdemos. Los escenarios posibles son negativos. Nada garantiza que un nuevo Congreso y un nuevo Ejecutivo serán mejores que los que actualmente tenemos. El adelanto de elecciones no hará desaparecer automáticamente los problemas vistos durante el post fujimorismo y es una solución extrema que en sí misma es un mal ejemplo.

El Ejecutivo está en falta por desgobierno y mal manejo de la economía y de la violencia urbana, entre otros aspectos. El Congreso no puede estar peor. Ambos tienen espacio para mejorar sin patear el tablero ni dar a la población respuestas que lo obliguen a escoger entre la crisis presente y la futura.

Más que irse todos -a sabiendas que podrían dejar la posta a peores representantes y gobernantes- los políticos están obligados a ofrecer resultados vía un acuerdo mínimo de colaboración. El hartazgo ciudadano no puede ser usado para colocar al país en un disparadero.

Frente a la incertidumbre se levantan voces sensatas como la de Luis Iberico que ve un abanico de posibilidades frente al recorte del período congresal y presidencial al 2020 y afirma que el adelanto de elecciones exige un diálogo con mayor fuerza entre el Legislativo y el Gobierno para un acuerdo de agenda mínima. Jaime de Althaus por su parte ve el adelanto de elecciones como una arbitrariedad que no debe pasar. Cree que el presidente debió reconocer los avances en la reforma política y no destruir la posibilidad de concertar una agenda de reformas desairando la rama de olivo que le extendió el presidente del Congreso.
Para el economista Roberto Abusada el adelanto de elecciones representa la cumbre del severo perjuicio que inflinge la clase política peruana a la nación. Que se vayan todos implica la desaceleración del crecimiento y graves problemas que ahondarán la parálisis con daños fácilmente computables que persistirán al 2020.

El adelanto de elecciones no es una solución a la crisis. Tampoco lo es aceptar la posición de algunos congresistas que se oponen para quedarse con sus privilegios en especial su inmunidad ante investigaciones en curso.
Es momento del equilibrio y de la reflexión desde el interés colectivo. No sería saludable el precedente de solucionar toda colisión de poderes con la reforma de la Constitución o acabar con el otro poder haciendo que se vayan todos.
Ante el agotamiento de las promesas y del debate por pérdida de confianza y de credibilidad un hartazgo peligroso descarta todo análisis y reflexión en torno a propuestas inteligentes, viables, concertables, inclusivas, que nos devuelvan el sentido de lo común. Podemos estar dando paso al aventurerismo, a los sectarismos, revanchas y verdades únicas de las cuales está sembrado el autoritarismo.
Estamos cerrando dos décadas de post fujimorismo pero nadie quiere volver al pasado del 1990 al 2000. Tampoco queremos un Ejecutivo incapaz que tira la toalla ni un Congreso en debacle de representación. Menos aún el precedente del facilismo de la reforma constitucional.
Es necesario un acuerdo para una agenda de leyes y reformas que responda lo que la gente exige en seguridad, economía y salud por mencionar las más evidentes. Ello permitiría acallar la grita de la calles, sin patear el tablero ni adelantarnos a una situación que no asegura nada. Necesitamos un acuerdo mínimo entre ambos poderes para atender las urgencias. Que los mandatos culminen de acuerdo a lo decidido en las urnas. Que el Presidente opte por un gabinete de ancha base, multipartidario que le preste sostenibilidad y gobernabilidad. No sigamos remando en una tormenta de incertidumbre e impredictibilidad.  


POR UN ACUERDO MINIMO
En Correo el 9 de Agosto 2019
Estamos en plena discusión del adelanto de elecciones propuesto por Martín Vizcarra ante el Congreso. Independientemente de la respuesta parlamentaria que podría llevarnos a un escenario de mayor crisis se va instalando la idea de que un precipitado recambio electoral tampoco asegura nada. Que no es deseable para nadie salvo para los oportunistas que piensan en sus propios planes y no en el país.
Bien que el presidente haya optado por no escuchar las voces irresponsables que le exigían el cierre ilegal del Legislativo. Todavía estamos en los límites de la democracia y de la Constitución a pesar de las amenazas permanentes entre posible vacancia presidencial y disoluciones congresales. Lo que hemos vivido ha sido una colisión de poderes que en lugar de ser solucionada con el diálogo se quiere saldar con medidas extremas e irreductibles.
La población clama por un buen gobierno y por la atención a sus problemas. La distorsión y la manipulación pueden hacer de la grita popular un elemento de destrucción furiosa pero no es lo que debemos alentar. Si pudiéramos responder con eficiencia a las demandas inmediatas otro sería el ánimo de la población. No es el adelanto incierto de elecciones la respuesta y menos la intransigencia. Por eso hay tanta insistencia en los sectores reflexivos en el diálogo y el acercamiento. Estamos rozando extremos que solo se superarán con una agenda común no conflictiva entre Ejecutivo y Parlamento.
Si ambos poderes están en rojo en sus tareas deben cambiar de actitud. El Ejecutivo está en falta por desgobierno y mal manejo de la economía y de la violencia urbana, entre otros aspectos. El Congreso no puede estar peor. Ambos tienen el espacio para mejorar sin patear el tablero ni dar a la población respuestas inadecuadas que lo obliguen a escoger entre la crisis presente y la futura. Podemos hacer algo mejor que eso.



¿TRANSICIÓN 
VEINTE AÑOS DESPUÉS?

En diario Exitosa el domingo 3 de Agosto 2019

El 28 de Julio el presidente Martín Vizcarra presentó ante el Congreso una iniciativa de adelanto de elecciones para que Ejecutivo y Legislativo sean renovados en el plazo de un año. Su propuesta responde a la prolongada colisión de poderes, improductiva y sistemática y está ligada a una reforma constitucional para acortar mandatos y adelantar elecciones.
Si el Congreso acepta procesarla se abriría un periodo de transición cuyo antecedente más cercano es del año 2000 cuando Alberto Fujimori, agobiado por las denuncias y evidencias de corrupción personal y de su asesor Vladimiro Montesinos, se vio forzado a recortar su mandato y convocar a un proceso electoral adelantado, inhibiéndose de participar. Todo se precipitó cuando desde el exterior envió su renuncia por fax y el presidente del Congreso Valentín Paniagua fue proclamado presidente constitucional.
Casi veinte años después entraríamos a un escenario similar. El Congreso tendría que aprobar la propuesta de reforma en dos legislaturas con 87 votos o por mayoría calificada para que el pueblo la decida en referéndum. No sabemos si lo hará o será una turbulencia más en el ambiente convulso que hemos vivido desde el 2016 hasta ahora.
Una transición puede ser muy importante y dejar una  huella más profunda que los nueves meses de su duración. Depende de quien la lidere para renovar la confianza de la gente que quiere creer y espera ser atendida en sus necesidades más urgentes. Y es un desafío para toda la clase política obligada a  encontrar recursos desde el consenso y el dialogo
La propuesta de Vizcarra ha traído incertidumbre y crisis de gobierno en momentos en que los políticos afrontan graves problemas derivados del huracán Lavajato al punto que parece difícil hablar de generosidad o de perspicacia para postergar intereses propios o de grupo para pensar en el Perú primero.
Vizcarra habla de una salida ordenada a la crisis “con un año de transición en vez de dos años de confrontación”. Correspondería a todos los sectores actuar con más calma y menos improvisación teniendo en cuenta que no siempre la algarada de las calles tiene la razón. Se requiere voluntad política y reflexión para atenderlas sin patear el tablero. No lo hicimos en el 2000 no debemos hacerlo ahora. La inestabilidad acecha a la economía y a la democracia.

Bien que el Premier Del Solar converse con todas las bancadas porque no es momento para imponer nada. El Ejecutivo ingresó en su etapa de Pato Rengo y el Congreso haría bien en decidir con su nueva directiva una agenda común de atención a problemas como la violencia urbana y la situación económica. Necesitamos más equilibrio y menos beligerancia y por supuesto menos improvisación. La política no es un juego y menos lo es definir el destino nacional.

Valentín Paniagua inició su Transición el 22 de noviembre de 2000 con una situación socioeconómica complicada que centraba la atención y las expectativas, exhausta por una prolongada recesión. Convocó al peruano más notable como Primer Ministro, Javier Pérez de Cuéllar quien ante el Congreso anunció como objetivos un proceso electoral limpio y transparente y asegurar la estabilidad económica y política para dejar a la nueva administración una economía saneada y con financiamiento suficiente para una gestión favorable. Era lo mínimo para recibir el apoyo de la opinión pública y nueve meses después, Paniagua cumplió con eficacia y honestidad remarcable.

Estos objetivos podrían ser calcados en estos días de turbulencia y crispaciones. Con tantas urgencias y deficiencias y con tan poco tiempo habría que rogar que la transición que se propone funcione como la del dos mil ejemplarmente dirigida por Valentín Paniagua Pero ¿quién sería el líder?. Teniendo en cuenta que la presencia de Martín Vizcarra está siendo cuestionada la respuesta es todavía esquiva.