lunes, 12 de agosto de 2019


POR UN ACUERDO MINIMO
En Correo el 9 de Agosto 2019
Estamos en plena discusión del adelanto de elecciones propuesto por Martín Vizcarra ante el Congreso. Independientemente de la respuesta parlamentaria que podría llevarnos a un escenario de mayor crisis se va instalando la idea de que un precipitado recambio electoral tampoco asegura nada. Que no es deseable para nadie salvo para los oportunistas que piensan en sus propios planes y no en el país.
Bien que el presidente haya optado por no escuchar las voces irresponsables que le exigían el cierre ilegal del Legislativo. Todavía estamos en los límites de la democracia y de la Constitución a pesar de las amenazas permanentes entre posible vacancia presidencial y disoluciones congresales. Lo que hemos vivido ha sido una colisión de poderes que en lugar de ser solucionada con el diálogo se quiere saldar con medidas extremas e irreductibles.
La población clama por un buen gobierno y por la atención a sus problemas. La distorsión y la manipulación pueden hacer de la grita popular un elemento de destrucción furiosa pero no es lo que debemos alentar. Si pudiéramos responder con eficiencia a las demandas inmediatas otro sería el ánimo de la población. No es el adelanto incierto de elecciones la respuesta y menos la intransigencia. Por eso hay tanta insistencia en los sectores reflexivos en el diálogo y el acercamiento. Estamos rozando extremos que solo se superarán con una agenda común no conflictiva entre Ejecutivo y Parlamento.
Si ambos poderes están en rojo en sus tareas deben cambiar de actitud. El Ejecutivo está en falta por desgobierno y mal manejo de la economía y de la violencia urbana, entre otros aspectos. El Congreso no puede estar peor. Ambos tienen el espacio para mejorar sin patear el tablero ni dar a la población respuestas inadecuadas que lo obliguen a escoger entre la crisis presente y la futura. Podemos hacer algo mejor que eso.



¿TRANSICIÓN 
VEINTE AÑOS DESPUÉS?

En diario Exitosa el domingo 3 de Agosto 2019

El 28 de Julio el presidente Martín Vizcarra presentó ante el Congreso una iniciativa de adelanto de elecciones para que Ejecutivo y Legislativo sean renovados en el plazo de un año. Su propuesta responde a la prolongada colisión de poderes, improductiva y sistemática y está ligada a una reforma constitucional para acortar mandatos y adelantar elecciones.
Si el Congreso acepta procesarla se abriría un periodo de transición cuyo antecedente más cercano es del año 2000 cuando Alberto Fujimori, agobiado por las denuncias y evidencias de corrupción personal y de su asesor Vladimiro Montesinos, se vio forzado a recortar su mandato y convocar a un proceso electoral adelantado, inhibiéndose de participar. Todo se precipitó cuando desde el exterior envió su renuncia por fax y el presidente del Congreso Valentín Paniagua fue proclamado presidente constitucional.
Casi veinte años después entraríamos a un escenario similar. El Congreso tendría que aprobar la propuesta de reforma en dos legislaturas con 87 votos o por mayoría calificada para que el pueblo la decida en referéndum. No sabemos si lo hará o será una turbulencia más en el ambiente convulso que hemos vivido desde el 2016 hasta ahora.
Una transición puede ser muy importante y dejar una  huella más profunda que los nueves meses de su duración. Depende de quien la lidere para renovar la confianza de la gente que quiere creer y espera ser atendida en sus necesidades más urgentes. Y es un desafío para toda la clase política obligada a  encontrar recursos desde el consenso y el dialogo
La propuesta de Vizcarra ha traído incertidumbre y crisis de gobierno en momentos en que los políticos afrontan graves problemas derivados del huracán Lavajato al punto que parece difícil hablar de generosidad o de perspicacia para postergar intereses propios o de grupo para pensar en el Perú primero.
Vizcarra habla de una salida ordenada a la crisis “con un año de transición en vez de dos años de confrontación”. Correspondería a todos los sectores actuar con más calma y menos improvisación teniendo en cuenta que no siempre la algarada de las calles tiene la razón. Se requiere voluntad política y reflexión para atenderlas sin patear el tablero. No lo hicimos en el 2000 no debemos hacerlo ahora. La inestabilidad acecha a la economía y a la democracia.

Bien que el Premier Del Solar converse con todas las bancadas porque no es momento para imponer nada. El Ejecutivo ingresó en su etapa de Pato Rengo y el Congreso haría bien en decidir con su nueva directiva una agenda común de atención a problemas como la violencia urbana y la situación económica. Necesitamos más equilibrio y menos beligerancia y por supuesto menos improvisación. La política no es un juego y menos lo es definir el destino nacional.

Valentín Paniagua inició su Transición el 22 de noviembre de 2000 con una situación socioeconómica complicada que centraba la atención y las expectativas, exhausta por una prolongada recesión. Convocó al peruano más notable como Primer Ministro, Javier Pérez de Cuéllar quien ante el Congreso anunció como objetivos un proceso electoral limpio y transparente y asegurar la estabilidad económica y política para dejar a la nueva administración una economía saneada y con financiamiento suficiente para una gestión favorable. Era lo mínimo para recibir el apoyo de la opinión pública y nueve meses después, Paniagua cumplió con eficacia y honestidad remarcable.

Estos objetivos podrían ser calcados en estos días de turbulencia y crispaciones. Con tantas urgencias y deficiencias y con tan poco tiempo habría que rogar que la transición que se propone funcione como la del dos mil ejemplarmente dirigida por Valentín Paniagua Pero ¿quién sería el líder?. Teniendo en cuenta que la presencia de Martín Vizcarra está siendo cuestionada la respuesta es todavía esquiva. 




EL PERU PRIMERO
En Correo el 2 de agosto 2019                                                                
Es un excelente eslogan y lo enarboló el presidente Vizcarra ante el Congreso en su mensaje patrio con su propuesta de adelanto de elecciones generales. Lo difícil es que se aplique. Es evidente que el país tiene tantas necesidades que reclama la mayor atención de la clase política obligada a dejar sus agendas e intereses propios movidos por el escándalo Lavajato.

El desconcierto y la desconfianza son una realidad. La preocupación es la inestabilidad y la incertidumbre. La concreción de la propuesta depende del Parlamento y no se sabe si la aceptará. Teóricamente es posible conforme a la voluntad del Presidente que parece ver solo una parte del escenario nacional. Su desaprobación aumentó junto a los problemas que debe enfrentar ojalá con mayor calma y menos improvisación. Cuando la población esperaba mejores resultados en indicadores clave y que amainara la virulencia en el sur, sus prioridades han cambiado y todavía no se ve si será para mejor. La desestabilización política y económica acechan y el cierre del Parlamento ya perdió  novedad, ahora estamos en otra etapa que requiere diálogo y búsqueda de consensos.
Bien que el Premier Del Solar converse con todas las bancadas porque el desafío es inmenso. No es momento para imponer nada. El Ejecutivo ingresó en su etapa de Pato Rengo y el Congreso haría bien en decidir con su nueva directiva una agenda común de atención a problemas como la violencia urbana y la situación económica. Necesitamos más equilibrio y menos beligerancia y por supuesto menos improvisación. La política no es un juego y menos lo es definir el destino nacional. El voto ciudadano puede decidir siempre que exista información clara y liderazgos reflexivos lejos de la convulsión y de las presiones. Ojalá el precedente de la transición del dos mil, que ejemplarmente dirigió Valentín Paniagua, funcione casi veinte años después.

viernes, 2 de agosto de 2019


NI SANO NI SAGRADO

Publicado en Opinión de diario Exitosa el 28 de Julio 2019
En deshonrosa audiencia un ex presidente peruano –como un preso común vestido de rojo- recibió la sentencia del juez Thomas S. Hixson para que continúe en una celda norteamericana mientras se resuelve el pedido de extradición del Estado Peruano para que retorne a enfrentar la justicia.
Alejandro Toledo Manrique fue arrestado en California como un delincuente y es hoy un estigma nacional. El mismo Alejandro Toledo Manrique que al comenzar el siglo XXI recibió la confianza ciudadana de quienes apostamos por la recuperación de la democracia durante el corrupto decenio fujimontesinista. En ese momento había indignación en la población y el imperativo de continuar la lucha que desde el cinco de abril de 1992 iniciamos un grupo de patriotas que condenamos la ruptura constitucional y coordinamos acciones de resistencia bajo el reconocido liderazgo de Gustavo Mohme Llona, congresista y director del diario La República, que acogió ampliamente todas las voces. Esa lucha logró la firma del Acuerdo de Gobernabilidad un 26 de noviembre de 1999 que surgió de un verdadero frente democrático para la alternancia.
Eran tiempos de esperanza. Para quienes fundamos el Foro Democrático y luego el Comité Cívico por la Democracia, el fallecimiento de Gustavo Mohme Llona nos obligó a buscar una figura que pudiera encarnar el espíritu de esa prolongada lucha contra el fujimorismo. Los candidatos presidenciales de oposición habían sido progresivamente liquidados por la proterva campaña de desprestigio digitada por Vladimiro Montesinos y el que quedaba era Alejandro Toledo Manrique, un privilegiado al que podíamos investir para continuar la batalla electoral y política interrumpida. No eran sus méritos ya que su propuesta era construir el segundo piso del régimen que denostábamos, era el único candidato inscrito que podría enfrentar electoralmente a Fujimori y a sus deseos de perpetuarse en el poder.
Pusimos en sus manos el trabajo orgánico y los planteamientos consensuados que habíamos impulsado durante ocho largos años. Lo incorporamos al equipo y le entregamos el liderazgo. No lo había ganado, no lo merecía pero era lo que teníamos, en modo alguno le correspondía la vincha con que adornó su cabeza. Con él vino su esposa, la belga Eliane Karp, protagónica, simpática, inteligente y enérgica frente al régimen, muy lejos de la figura flamígera y prepotente en que se convirtió al llegar a Palacio de Gobierno. Su frase sobre su cholo SANO Y SAGRADO quedará para la historia del oprobio, como sarcástica burla a quienes le dimos confianza, participación y voto con altísimo esfuerzo personal.
La imagen de hoy es truculenta. Más de dos años huyendo de la justicia, dueño de una mitomanía ignominiosa que torna más dramática nuestra equivocación. Como dijo Mario Vargas Llosa nadie pudo adelantar este desastre moral. El ambiente de la resistencia democrática fue de optimismo y de confianza en un amanecer democrático. Y encontramos a Toledo para esa conducción ante el hecho consumado de ser el candidato supérstite. La adhesión que le concedimos no implica complicidad y menos aún responsabilidad por sus latrocinios y mala conducta posterior a su victoria. Nunca imaginamos que aprovecharía su gobierno para robar aunque hubiera razones en su trayectoria para sospechar de su falta de honestidad. A comenzar por la leyenda personal que fabricó, con voz engolada, la del cholo humilde, la del lustrabotas que emergió gracias a la educación extranjera. No quisimos creer los hechos bochornosos que se le imputaban.
Triste que hoy se vea comprometida la imagen de la valiosa y valiente oposición democrática antifujimorista y de esa inmensa epopeya social que fue la Marcha de los Cuatro Suyos, en cuya organización honrosamente participamos con un equipo de gente comprometida con el Perú y su destino. Fuimos acusados de homicidio por los incidentes luctuosos del día siguiente. En especial por la muerte de los trabajadores del Banco de la Nación en el espacio donde hoy se levanta la Plaza de la Democracia.

La Marcha fue un acto de fe, de miles de peruanos, de provincianos que llegaron a Lima a pesar de las dificultades y de los designios pavorosos de Vladimiro Montesinos, decidido y sin escrúpulos a impulsar el tercer mandato de Fujimori. Nos denunció como terroristas y culpables de los incendios y del vandalismo que él mismo planeó para ese luctuoso 28 de Julio tan distinto a la noche anterior, festiva, impresionante y pacífica, fruto de la iniciativa de Javier Diez Canseco. La multitud enfervorizada hizo palpable la exasperación de todo el país contra la corrupción del régimen que debía irse bajo la presión indignada del pueblo.

Creamos un ídolo con pies de barro y no lo vimos. Solo él sabía quién era. Y su mujer también. Ni sano ni sagrado explotó lo mejor del sentimiento nacional para terminar como el Alejandro Toledo del traje rojo de la corte de California. No merecía ni la honrosa vincha que se colocó y menos aún la banda presidencial que el pueblo esperanzado le confió. Lección para la juventud: el crimen nunca paga.   



¿HABRÁ CIERRE 
DEL CONGRESO?
En Correo el sábado 27 de Julio 2019
Parece una pregunta ociosa pero en los medios todavía se formula. Es cierto que esta medida tremendista se descarta en casi todos los ambientes preocupados por la política nacional aunque teóricamente podría ser posible conforme a la terquedad presidencial. Terminado el debate congresal sobre la reforma política lo aprobado no es exactamente lo que el Ejecutivo propuso en especial sobre la inmunidad parlamentaria pero es un avance y el contexto cambió. La desaprobación de Martín Vizcarra ha aumentado y caído su aprobación lo que debería implicar mayor calma. Ha perdido apoyo por los magros resultados de su gestión en indicadores clave y la virulencia en el sur cambia prioridades. El horno no está para bollos. El cierre del Parlamento ya perdió  novedad y no tendría justificación ni constitucional ni política. En plenos Juegos Panamericanos, con tanta prensa internacional, sería una barbaridad.
La actitud recalcitrante del Presidente va pasando de moda. Lejano está su momento cumbre cuando planteó ante el Congreso las reformas que ganó con el referéndum de diciembre pasado. Logró la no reelección inmediata de los parlamentarios y el descarte de la bicameralidad, aprobadas sin debate ni reflexión. Si bien el Congreso no es el mejor que podríamos tener sí ha cumplido -de acuerdo a sus prerrogativas legislativas- con la aprobación de las seis reformas políticas.
Nada está dicho pero el Congreso podría ingresar en una nueva etapa si con su nueva directiva decide una agenda común de atención a problemas como la violencia urbana y la situación económica, lo que dejaría descolocado al Ejecutivo en sus arrestos impositivos. Esperemos un segundo semestre más equilibrado y menos beligerante. Toca a la mayoría fujimorista impulsar un consenso temático que genere mayor legitimidad para este poder del Estado y lo saque de la convulsión y de las presiones. Es urgente que legisle también sobre las medidas que la población exige.

lunes, 22 de julio de 2019



A GRANDES PROBLEMAS 
GRANDES DECISIONES


En Opinión diario Exitosa del domingo 21 de Julio 2019


Vivimos un clima de confrontación que se extiende. A la colisión de poderes Ejecutivo-Legislativo se agrega la pugna entre mineros y anti mineros que por el proyecto Tía María parecen dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias.  La lógica de la guerra política se impone a contracorriente del sentido común que exige salir de este hoyo profundo de desencanto con la democracia en el cual cada vez más instituciones y líderes están contra la pared sea por corrupción o por ineptitud. El diálogo es una urgencia no coyuntural, los problemas reales son demasiados grandes y no se reducen a la lucha anti corrupción que siendo válida y esencial no es lo único que nos aflige. La sociedad se siente sitiada por la violencia delincuencial y por la parálisis económica. Se necesita autoridad, líderes que entiendan que más allá del discurso y de las encuestas, la gente exige decisiones mayores. Sin ellas la anarquía podría estar muy cerca.
El gobierno de Vizcarra ha dicho que está dispuesto a dialogar y debe hacerlo. El clamor por dejar de lado la lógica de la guerra se siente. En las calles y en las instituciones. La espada de Damocles del cierre del Congreso es censurada en distintos espacios. La CONFIEP ha hecho un llamado a la unidad para alcanzar el desarrollo porque no hay avances con incertidumbre e inestabilidad. El Tribunal Constitucional, el Poder Judicial y la Defensoría del Pueblo van dejando señales de la necesidad de enmendar errores y actitudes autoritarias respecto de la Reforma de la Justicia y alertan respecto de la inconstitucionalidad de imponer criterios y plazos bajo amenaza al Congreso. Un sector importante trata de que se imponga la racionalidad sobre el infantilismo político.

Que el sentido común prevalezca también en la elección de la mesa directiva del Congreso. Es el momento del diálogo multipartidario con sentido autodefensivo que derive en una agenda común que le permita reconectar con la ciudadanía. Ojalá el fujimorismo lo entienda y deje de aferrarse a la Presidencia, Sus antecedentes para nada brillantes hablan más de obstrucción que de contrapeso democrático.

En cuanto al Ejecutivo, en una semana Martín Vizcarra presentará su discurso patrio ante el Congreso. Tiene poco tiempo para reflexionar sobre la inutilidad de su guerra con el Legislativo, una confrontación lamentablemente potenciada por las exigencias de los gobernadores regionales del sur. Tía María será solo la cereza de la torta. En clima tan exacerbado, y lleno de conflictividad, lo responsable es alejar la terquedad presidencial y concretar el diálogo. Reconocer que el Congreso viene trabajando en una reforma que es un avance en muchos aspectos. Y ojalá decida cambiar el actual gabinete de desconocidos para la población, que no da la talla en este momento crítico, por ministros que no permanezcan en la sombra y sean un activo de gobierno, que ayuden a desterrar la ineficacia y la inestabilidad.
Si Martín Vizcarra eligiera nuevos ministros que respondan a una ancha base, dispuestos a apostar por la paz social y las reformas necesarias, tornaría este Julio convulso en un mes de esperanza con gestores eficaces que lo acompañen en su último y decisivo tramo sin confrontaciones banales ni afanes de concentración de poder.
Un gabinete que pueda hacer frente con serenidad y autoridad a las exigencias y desplantes de gobernadores o dirigentes como Gregorio Santos en Cajamarca, Elmer Cáceres en Arequipa, Walter Aduviri en Puno y Vladimir Cerrón en Junín que instrumentan las desigualdades y las carencias extremas para jaquear al Estado. No son desafíos menores y se necesitan decisiones mayores desde la responsabilidad con el país.



¿GABINETE DE ANCHA BASE?

En Correo mi columna HOJA DE TIEMPO del 20 de Julio 2019

El clima de confrontación se extiende. Teniendo como trastienda la colisión de poderes ahora tenemos a mineros y antimineros que por Tía María parecen dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias. Lamentable que la guerra política se imponga cuando lo que necesitamos es salir de un hoyo profundo de desencanto con la democracia en la cual cada vez más instituciones y líderes están contra la pared sea por corrupción o por ineptitud. Necesitamos diálogo y encuentro para dar soluciones a problemas reales. La lucha anti corrupción es válida y esencial pero también lo es la violencia delincuencial y la parálisis económica, entre otros. Se necesita autoridad más allá del discurso y de las encuestas. La gente exige soluciones y sin ellas la anarquía podría estar muy cerca.
Vizcarra debe salir del atolladero. Ya cercano su discurso patrio ante el Congreso no tiene mucho que reseñar. Su discurso anticorrupción ha saturado y sus afanes reformistas que sustentan sus encontronazos con un Congreso al que amenaza con el cierre, parecen juegos inmaduros. Se espera una nueva etapa que permita superar el bloqueo económico y responder a la presión social por la criminalidad en ascenso.
Para nada es útil la guerra Ejecutivo-Legislativo, potenciada con las exigencias de los gobernadores regionales del sur. Tía María es solo la cereza de la torta. Vizcarra debe dejar su terquedad respecto del cierre del Congreso y concretar el diálogo pensando en un gabinete que deje de estar en la sombra para ser un activo de gobierno con ministros que ayuden a desterrar la incertidumbre y las amenazas. Este Julio convulso podría convertirse en un mes de esperanza si elige nuevos ministros que respondan a una ancha base, de todas las tiendas, capaces y dispuestos a apostar por la paz social, las reformas necesarias y la estabilidad en democracia. ¿Es mucho pedir en un momento tan crítico?

domingo, 14 de julio de 2019


EL AGUILA Y EL CONDOR

En Opinión de diario Exitosa el 14 de Julio 2019

Seguimos dando vueltas alrededor de la coyuntura política caracterizada por la incertidumbre, la inestabilidad y la desconfianza mientras pocos peruanos piensan en los problemas de fondo que tenemos como sociedad difícil y enigmática. Al borde de los dos años de mandato Martín Vizcarra debe reconocer ahora que no advirtió como gobernador en Moquegua, esa inmensa complejidad de nuestro país. No la vio y por eso tampoco se sintió amedrentado ante la tarea de gobernarlo más allá de las promesas y de la buena voluntad. Hoy sabe que no es fácil y que su apuesta por la confrontación, la cruzada anticorrupción y sus esfuerzos reformistas son insuficientes para dar solución a los graves problemas que nos aquejan, esos que nos colocan al borde del estallido social como podría suceder con el proyecto minero Tía María que ha recibido la licencia de construcción aunque todavía no la licencia social, es decir la aprobación de la población involucrada.

Entre los peruanos estudiosos y reflexivos destaca el sociólogo, historiador y politólogo Hugo Neira Samanez, posiblemente el mayor intelectual vivo que tenemos quien -a pesar de sus largos años de profesor universitario en Francia y Europa- nunca dejó de pensar nuestra escena social y política. Su verbo como su pluma fascinan por su agudeza pero también por su sencillez que permite que su mensaje llegue a todos y no solo a la cúpula o al cenáculo académico. Su trayectoria viene desde los años sesenta cuando publicó su laureada primera obra Cuzco, Tierra y Muerte, a la que le siguió un periplo universal del cual surge su prolífica obra que abarca muchas facetas de nuestro país y de nuestro continente.

Su más reciente entrega viene de la Universidad Ricardo Palma. EL AGUILA Y EL CONDOR, en el cual el autor se atreve al estudio comparativo de dos grandes civilizaciones, de México y de Perú, y cumple con brillantez, con conocimiento multidisciplinario profundo, fruto de su calidad de lector incansable. Su formación periodística presta amenidad a su pluma y su sólida argumentación intelectual proporciona lectura placentera que enriquece con su información y sus ideas siempre actuales. Docente por antonomasia en la escritura y en la tertulia, en el aula y fuera de ella en el contraste entre México y Perú nos acerca a los rasgos comunes como hispanoamericanos y a la raíz misma de nuestras sociedades controversiales, siempre en busca de un destino que se nos escapa debido a esa complejidad que un agudo observador como Hugo Neira ha sabido atrapar en la plenitud de su misión académica e intelectual.

La Universidad Ricardo Palma completa con este libro, a la manera de un segundo tomo, la obra que Hugo Neira había iniciado con EL MUNDO MESOAMERICANO Y EL MUNDO ANDINO, contraste que incide en los significados profundos que nos distinguen en este mundo globalizado que el sistema se esfuerza comercialmente en homogenizar. El autor nos lleva desde las raíces civilizatorias al presente y despliega todo su talento en los capítulos finales en donde encontramos revisitados e interpretados los enigmas que no podemos resolver para lograr ese desarrollo integral que se nos escapa mientras miramos preocupados un devenir incierto en el cual pueden coexistir el crecimiento económico y el desafecto político.

Felicitaciones al gran maestro, al escritor comprometido con su sociedad y con su época, el que no teme decir verdades que puedan lesionar orgullos pero que contribuyen a la visión progresista necesaria. Y el reconocimiento a la Universidad Ricardo Palma por impulsar esta obra de magnitud e importancia, en especial a nuestro querido amigo, el siempre entusiasta Rector Iván Rodríguez.  


¿GOBIERNO DIALOGANTE?

En Correo el 13 de Julio 2019

Con el objetivo de legitimar la licencia de construcción concedida al proyecto Tía María el presidente Vizcarra ha ofrecido apertura al diálogo dado que la licencia social, es decir la aceptación de la comunidad, aún no existe. Las posibilidades de conflicto son muy grandes y se incrementan por la gran desconfianza motivada por la confrontación con el Congreso y el irrespeto a la separación de poderes. La confianza es esencial para que democracia e instituciones funcionen más aún si hay un doble discurso. Si el gobernante apuesta por el diálogo respecto de un tema concreto, más importante aún es si tiene una visión integral del escenario político y social nacional. No solo la democracia está afectada, también la economía -en cuyo marco se insertan los proyectos mineros- presenta indicadores de paralización que no se veían hace muchos años.

No se trata solo del discurso y de las promesas, a estas alturas muy devaluadas, sino de acciones concretas que la ciudadanía espera poder ver. Julio es el mes de los cambios y uno posible es el del gabinete hasta ahora poco relevante para la solución de los problemas. Otro aspecto es que el dialogo y la concertación deben aterrizar en torno a una agenda mínima de problemas comunes a generarse con urgencia en el Ejecutivo y en el Congreso.  

Hasta ahora el gobernante ha conseguido popularidad pero no soluciones. Su discurso anticorrupción se relativiza y el de sus reformas hace agua después del fracaso de la Junta Nacional de Justicia. Necesita aceptar la complejidad de gobernar un país como el nuestro, rodearse de gente capaz y recuperar la oferta de poner fin a odios y confrontaciones que presentó al Congreso cuando asumió el poder. Y reconocer que la peor forma de alentar la discordia es la amenaza de cierre del Parlamento en caso sus deseos e intereses no sean complacidos.