martes, 18 de junio de 2019


MANTENER EL DIALOGO


En Correo el 15 de Junio 2019

La confianza ya fue dada y estamos en pleno debate de los proyectos de ley de reforma política que permitirán el levantamiento de la inmunidad parlamentaria por la Corte Suprema, la prohibición de candidatear al Congreso de los condenados con sentencia de primera instancia, la participación ciudadana en la selección de los candidatos de los partidos, la eliminación del voto preferencial y la penalización del financiamiento ilegal de las campañas electorales.

Todos aspectos que parecen plausibles al ser mencionados genéricamente pero con un mayor acercamiento revelan bemoles y consecuencias no todas positivas. Si bien necesitamos las reformas política y judicial impulsadas por el Ejecutivo para la lucha anticorrupción lo que no necesitamos es el choque de poderes.

El precedente inmediato fue el debate y aprobación de los cuatro proyectos de ley de reforma constitucional que, bajo presión del Ejecutivo, fueron sometidos a referéndum en diciembre pasado, evento que lamentablemente nos dejó sin la necesaria bicameralidad.

Ahora estamos en otro escenario. La confianza parlamentaria concedida significa un contrato político que los congresistas deberán honrar, pero hay incertidumbre sobre los resultados debido al condicionamiento y a los plazos que se pretenden imponer. Entre poderes autónomos ninguno le dice al otro lo que debe hacer. Y menos si uno de ellos considera que la imposición perjudicará la institucionalidad política y partidaria c
on, por ejemplo, las elecciones internas abiertas o con la paridad y alternancia en las listas.

Si el Ejecutivo considera que los proyectos han sido ‘desnaturalizados’ y procede con excesos, o de modo arbitrario, también se estaría desnaturalizando el equilibrio de poderes principio inherente a la democracia que se pretende consolidar. Solo queda mantener el diálogo con respeto recíproco -como felizmente se está dando- y esperar que en el camino ambos poderes tomen conciencia de los aspectos y principios esenciales que no pueden ser sacrificados en aras de la popularidad.


domingo, 9 de junio de 2019


LA ESPADA DE DAMOCLES


En diario Exitosa el domingo 9 de Junio 2019 

La democracia está indisolublemente ligada al Estado de Derecho, a la autonomía y separación de poderes, un dogma en que se fundan los regímenes presidenciales latinoamericanos. Un poder no puede ordenar a otro que haga algo de acuerdo a la voluntad del primero.

Es esto lo que estuvo en juego esta semana cuando después de un beligerante debate el Congreso dio su confianza al Gabinete Del Solar. Es cierto que hubo un cambio de tono del Primer Ministro respecto de su desafiante carta inicial al presidente del Congreso para pedir la aprobación de los seis proyectos de reforma política. Y es cierto también que los congresistas asumieron la gravedad de la situación y llegaron a un buen desenlace del conflicto que tuvo al país en vilo por un posible cierre del Parlamento. Quienes llevaron su indignación hasta pedir a gritos este cierre no pensaron en lo que podría venir para el país después de esta medida extrema.
Concluida la escaramuza queda por verse si el Ejecutivo al final de la Legislatura considera que las esencias que Del Solar detalló no fueron respetadas. Una verdadera espada de Damocles pende sobre el Congreso que haría trizas la autonomía de poderes en cuya virtud el Congreso tiene la prerrogativa y la obligación no solo de cambiar dichos proyectos sino de modificarlos y perfeccionarlos en aspectos cuestionables como los que pretenden mejorar los partidos políticos con participación ajena, obligatoria y vinculante. Estamos ante un verdadero absurdo que haría que los partidos ya debilitados desaparezcan legalmente. Si en las internas no vota el 1,5% de los electores dicho partido pierde la inscripción. Lo más probable es que los representados en el Congreso se opongan a esta propuesta y con ello reactiven la amenaza de disolución.
Pero no es tan fácil decidir unilateralmente disolver el Congreso sin que la comunidad internacional considere que es un golpe de Estado cuando en democracia es posible dialogar y lograr acuerdos y compromisos con decisiones que respondan a las demandas sociales que son muchas para dar forma a una necesaria agenda compartida.

El modelo de separación de poderes surgió como reacción ante el despotismo parlamentario o a los excesos del Presidente. Sin dejar de lado la influencia de los jueces sobre las decisiones legislativas, subordinando sus funciones a las del parlamento. Nadie quiere un parlamento como poder absoluto que coloque bajo su influencia a las otras ramas del poder ni un Ejecutivo omnímodo que domine al Legislativo y al Judicial.

Es el momento de que Martín Vizcarra gobierne y atienda las urgencias sociales, en especial la criminalidad urbana que descontrolada amenaza el derecho a la vida, y de que el Congreso legisle la reforma política rescatando su derecho a perfeccionarla sin amenazas ni riesgos de disolución. Momento también de evitar el monopolio del poder de una persona o de un grupo o partido. Que nadie esté tentado a reclamar para sí la totalidad de la representación o a usurpar o invadir las funciones de los otros.

De seguro no es el mejor Congreso el que tenemos pero cumple un papel de equilibrio dentro del Estado de Derecho. El choque permanente entre presidente y Congreso, las decisiones unilaterales o prepotentes liquidan la democracia, la confianza y la estabilidad. Es lo que debemos evitar.





A GOBERNAR Y LEGISLAR
En Correo el sábado 8 de Junio 2019
El Congreso dio su confianza al Gabinete Del Solar después de un cambio de tono en el discurso para pedir la aprobación de los seis proyectos de ley de reforma política. Buen desenlace de un conflicto que tuvo al país en vilo por un posible cierre del Parlamento. Quienes llevaron su indignación hasta pedir a gritos este cierre no pensaron en lo que podría venir para el país después de esta medida extrema.
Pero el riesgo no ha acabado. Hay una esencia de los proyectos propuestos, detallada en el moderado discurso del Primer Ministro, que ha exigido sea respetada y hay prerrogativas de los congresistas que les permiten cambiar dichos proyectos para mejorarlos o variarlos de acuerdo a su autonomía. Ahí está la madre del cordero y el asunto se verá al finalizar la Legislatura, según la evaluación del Ejecutivo que en desacuerdo podría considerar denegada la confianza.
Esperemos que no suceda. No se trata de ideologías ni del modelo neoliberal. Es el sistema político que reclama cambios urgentes en la medida que hasta ahora ha propiciado corrupción a gran escala. Las propuestas del Ejecutivo podrán mejorar la representatividad y corregir el mal financiamiento electoral pero no significan solución a los graves problemas del país por lo cual su priorización choca con las urgencias de la población entre ellas la criminalidad y la delincuencia urbana que galopa destructiva y sin control.
Bien la respuesta parlamentaria porque con el cierre del Congreso hubiéramos llegado a un punto de no retorno en inestabilidad jurídica y política en momentos que el país está semiparalizado. No hay movimiento comercial y la cadena de pagos subsiste aunque con problemas. Toca a los políticos dejar de confrontar. No es tiempo para la concentración del poder, es tiempo de gobernar y de legislar sin choques que demuestran negligencia y desatención de urgencias sociales evidentes.

domingo, 2 de junio de 2019




TAMBORES DE GOLPE


En diario Exitosa el domingo 2 de Junio 2019

No estamos ante un simple enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo. Martín Vizcarra quien se pretende intachable combatiente contra la corrupción rechaza a sus críticos como si todos fueran corruptos. Y se enfrenta al Congreso como el núcleo de la incapacidad con parlamentarios que se protegen como cómplices gracias a la inmunidad y dan la espalda a los deseos del pueblo. En esta visión maniquea quienes lo apoyan son los buenos y los contrarios los corruptos, muy eficaz para distorsionar la gravedad de lo que está ocurriendo.
La rueda comienza a girar cuando Martín Vizcarra propone la reforma política y ésta avanza a paso lento en el Congreso. El Presidente sin invitación va al Parlamento a reclamar que legisle en la forma que quiere y a la velocidad que requiere. Una visita que no se da en ningún gobierno que se pretenda democrático y respete la separación de poderes. El Congreso rechaza destituir a un fiscal supremo que amenaza denunciar al Presidente. Vizcarra juega a presionar a los parlamentarios -con el apoyo de gobernadores regionales- y anuncia la cuestión de confianza sobre cinco proyectos de reforma política al tiempo que exhorta a destituir a Pedro Chávarry. El conflicto escala con resultados imprevisibles mientras el Presidente asume el mando de la reforma de la justicia poniendo un pie fuerte sobre el Poder Judicial.

Pero la cuestión de confianza ha sido criticada como anticonstitucional por importantes expertos y observada por el mismo presidente del Tribunal Constitucional Ernesto Blume para quien “el mandatario no está habilitado constitucionalmente para imponer” al Congreso la aprobación del contenido o alcances de una ley de reforma constitucional.

Si esto es así la cuestión de confianza sería una coartada para el cierre del Congreso si o si. El Primer Ministro en su oficio al Presidente del Congreso pone plazos y exige contenidos que deberán ser aprobados sin que se desnaturalicen –dice- los cinco proyectos. Por lo menos es una descortesía política y por lo más una presión inadmisible. Si el Ejecutivo no se siente satisfecho con lo que aprueben dejará sentado que la confianza no ha sido otorgada, Del Solar y su gabinete renunciarán y Vizcarra se sentirá libre para disolver el Congreso incurriendo en un golpe de Estado.

Este libreto dramático podría concretarse desde que calificar los textos que el Congreso tenga a bien aprobar puede ser una espada de Damocles. Tan arbitrario como efectivo para facilitar la tentación autoritaria.

A todo esto se agrega que Martín Vizcarra asume la presidencia de la Comisión de Reforma de la Justicia para renovar el temor de que el Presidente quiere encimar al Ministerio Público, única instancia que acusa y puede llegar a la criminalización de los adversarios o enemigos políticos.  

Falta diálogo y sobra voluntad autoritaria. La incertidumbre se instala con su precariedad institucional y la democracia se debilita. Debemos luchar contra la corrupción pero también defender el Estado de Derecho. Todos sentimos justa indignación contra la corrupción desde que es un flagelo ubicuo y multiforme que ha hecho y sigue haciendo mucho daño. Pero la contraparte de su combate no puede ser la concentración del poder y mucho menos llegar a lo que sería un golpe de Estado que nos pondría al borde del desastre. Avisados estamos.





SITUACIONES EXTREMAS

En diario Correo el sábado 1 de Junio 2019

Entre temblor y temblor y atraco y asalto, Martín Vizcarra va al Congreso sin invitación a reclamar legislación inmediata. El Congreso rechaza destituir a Pedro Chávarry que amenaza denunciar al Presidente que presiona con el apoyo de los gobernadores regionales haciendo cuestión de confianza sobre cinco proyectos de reforma política y exhorta a destituir y sancionar al fiscal supremo. El conflicto de poderes escala con resultados poco previsibles mientras el Presidente asume el mando de la reforma judicial poniendo un pie fuerte en otro poder autónomo como es el judicial.

El país parece estar de cabeza y en vía de parálisis por el temor y la incertidumbre. Las urgencias no se atienden y los políticos se pelean. El presidente, cabeza del Ejecutivo, es un primo inter pares que no puede imponerse a los otros poderes del Estado. El equilibrio y separación de poderes es esencial para evitar la concentración de poder en una sola persona. Están a la baja en las encuestas el Presidente y aún más el Legislativo. Hay gente en las calles pidiendo su cierre lo que podría llevar a nuevas elecciones parlamentarias y desde otra perspectiva a la vacancia presidencial.

Lo que no se entiende es por qué Gonzalo Chávarry está nuevamente en el centro de debate y del destino del país. Mientras la gente se angustia por la criminalidad urbana desatada y la salud pública colapsada con hospitales públicos desabastecidos es inexplicable que el gran tema siga siendo Chávarry.

La cereza de la torta sería la manipulación de las estructuras del poder judicial desde la comisión de reforma de la justicia. Se renueva el temor de que el Presidente quiera encimar al Ministerio Público, el único que puede acusar a quienes incurren en delito. Y llegar a excesos como la criminalización de adversarios o de enemigos políticos. Y hay que decirlo porque no queremos ni corrupción ni autoritarismo.   

domingo, 26 de mayo de 2019


EL ESTADO SOY YO

En diario Exitosa el domingo 26 de Mayo 2019

Martín Vizcarra llegó al Congreso acompañado de Salvador del Solar, su Primer Ministro, para imponer su presencia y su voluntad. Llegó sin invitación y sin respeto, de manera inesperada para exhortar a la Comisión de Constitución a tratar con responsabilidad y “sin trampas” los proyectos de reforma política y pidió actuar en función al Perú y no a intereses particulares. No midió las consecuencias ni consideró el protocolo, menos aún le preocuparon la separación y el equilibrio de poderes o las buenas maneras políticas.

Como Luis XIV parece pensar que además de personificar a la nación como señala la Constitución él como Presidente es el Estado mismo. Por eso después de un mes de haber presentado los proyectos de reforma política invitó a las bancadas a Palacio de Gobierno y personalmente fue a reclamarles el respaldo. Y lo hizo de mal talante, con tono demasiado fuerte los conminó a aprobar sus proyectos tal como han sido presentados.

Es entendible el deseo de mejorar las instituciones y la representatividad tan venida a menos pero hay un problema de prioridades en un gobierno que ha perdido contacto con la gente. La reforma política debe venir después de la atención a necesidades urgentes como la paralizada reconstrucción del norte, la lucha contra la criminalidad urbana que está matando en las calles y en las casas con un crecimiento sin control que ha convertido los noticieros en desmesurada y permanente crónica roja. O el colapso de la salud pública con hospitales nacionales desabastecidos en lo esencial. O la economía bloqueada y el desempleo juvenil ignorado. Todo esto con el telón de fondo del gravísimo impacto moral causado por una mega corrupción ubicua e implacable.

No está el horno para bollos, el desplante presidencial no fue para nada bien recibido. El gobernante ya no goza de la popularidad de sus momentos aurorales, en su segundo año la gente se siente desatendida, desprotegida sin conexión con el gobierno y menos aún soporta una nueva etapa de pugna de poderes, que se acaba de inaugurar, en la que nadie gana.

Con ánimos exacerbados comenzó nuevamente la letanía del  cierre del congreso o la vacancia presidencial, de la ineficiencia para conducir el país o de la irresponsabilidad congresal y en el extremo la amenaza recibida o propinada del supuesto golpe de Estado. Las consecuencias de tanta colisión son la inestabilidad política y jurídica que como sabemos espanta las inversiones y desmoraliza acentuando la ya fortísima crisis de confianza en las instituciones y en los políticos.

Y si el objetivo presidencial era volver a sintonizar con el pueblo, enfrentando al alicaído Parlamento, está lejos de haberlo logrado. Vizcarra seguirá bajando en las encuestas si no responde a la población que demanda atención a sus apremiantes necesidades. Será así mientras los políticos se peleen en las alturas y ni el gobernante ni los congresistas respondan como debe ser, con racionalidad, responsabilidad y diálogo, a esta etapa que a no dudarlo es una de las más críticas de nuestra historia.




AQUÍ ESTOY 
PORQUE HE VENIDO

En Correo el 25 de mayo 2019

En democracia la división y equilibrio de poderes es muy importante como también lo son las formas y las buenas maneras. En el Reino Unido, de modélica monarquía parlamentaria, la Reina pide permiso para ir al Congreso. No impone su presencia ni desafía a los representantes del pueblo. Pero en el Perú la reciente visita del presidente Martín Vizcarra al Parlamento ha roto una tradición de respeto a lo que en algún momento se consideró el primer poder del Estado. Y ha generado nuevas tensiones porque el Ejecutivo quiere, rabieta de por medio, que le aseguren que el Congreso aprobará la reforma política a la brevedad y según su propuesta. Los parlamentarios, aunque de pobre aprobación, esta vez no se dejaron poner contra la pared como sucedió con el referéndum de diciembre.

Nunca segundas partes fueron buenas dice el dicho. Bien aplicado al caso con la respuesta del titular Daniel Salaverry “No le tenemos miedo a un posible cierre”. En buen cristiano no están dispuestos al avasallamiento.

Mal cálculo presidencial porque no está el horno para bollos. Las reformas no son urgencia para la gente que vive una etapa de convulsión moral por el impacto de la mega corrupción que parece no conocer límites y de desborde social por los paros y el desempleo más los graves problemas diarios de criminalidad urbana, salud pública y economía con pobre crecimiento. A nadie encandilan las ofertas e iniciativas reformistas mientras no se atienda lo prioritario.

Con poca comprensión del momento crítico y muy poca sintonía con la gente Vizcarra ha inaugurado un nuevo periodo de choque de poderes, con sus secuelas de inestabilidad política y jurídica, en el que nadie gana. Seguirá bajando en las encuestas porque la población rechaza la desatención a sus apremiantes necesidades, en especial la inseguridad, mientras los políticos se pelean en las alturas.


domingo, 19 de mayo de 2019


ESCUCHAR 
A LA GENTE
En diario Exitosa el domingo 19 de Mayo 2019
No encontramos ni vencedores ni vencidos en este escenario político donde pasamos cotidianamente de la indignación a la pena y al estupor por la corrupción multiforme y ubicua. Esta semana fuimos espectadores de un melodrama con sabor a cinismo o a desequilibrio mental cuando vimos la confesión mediática de Susana Villarán y después la sólida decisión judicial que la llevó del banquillo a la cárcel preventiva. La ex alcaldesa asumió su conducta delictiva sin conciencia y sin remordimientos, pretendiendo causas superiores para actuar fuera de la ley. Incluso afirmando que lo volvería a hacer en similares circunstancias.

El golpe moral que con todo esto recibe la nación es indescriptible. Ahora sabemos que en el post fujimorismo la corrupción sembrada durante los noventa prosperó y dio frutos, que varios presidentes se alinearon con las ambiciones y la criminalidad, que nunca hubo propósito de enmienda y que la política como botín se ha enseñoreado en nuestro país con el dramático riesgo de convertirnos en un estado fallido que se deja robar y usurpar los pocos o muchos recursos que tiene para proteger a sus ciudadanos y atender sus derechos fundamentales.

Si hubiéramos aprendido la lección de la década fujimontesinista otro sería el cantar. El gobierno transitorio de Martin Vizcarra no sigue las huellas del otro cercano gobernante de transición que fue Valentín Paniagua, modélico en orden y honestidad. Continúa, bajo el impacto inmoral de los vladivideos, la certeza de que todos, autoridades y gobernantes, tienen un precio para comprar y vender sus funciones sean éstas originadas por elección popular o por designación.

Dejamos atrás el referéndum de diciembre, exitoso para el presidente que considera que ahora es el momento de las reformas judicial y política que por ser de fondo necesitan tiempo y reflexión, no apresuramiento. Más aún cuando la gente está más preocupada por la subsistencia, por la salud y la alimentación y sobre todo por la seguridad. Muy pocos se compran las promesas de un gobierno que se pretende anticorrupción y reformista por encima de sus obligaciones esenciales. ¿Es esa la forma de resolver la aguda crisis ética, política y social del sistema?

Mientras la confianza se sigue desgranando hasta casi desaparecer, el Ejecutivo y el Parlamento discuten sin conectar con el interés de la gente. A nadie importa que hoy se imponga Vizcarra y mañana retorne el fujimorismo fortalecido al control del Congreso. Les da igual porque ninguno responde a la agenda social que reclaman. Hay temor a la inseguridad y a la violencia que han hecho de los programas informativos una crónica roja permanente. Todo es robo, raqueteo, asaltos y violencia criminal. Nadie está seguro ni en las calles ni en sus casas. Si Sendero y el MRTA flagelaron la sociedad durante dos décadas ese record está siendo alcanzado por la delincuencia que nos tiene sitiados y va hacia más en intensidad y peligrosidad.

Este escenario hace difícil, si no imposible que la agenda gubernamental de reformas se imponga. Bien por la reunión de los dos poderes que impulsó el Primer Ministro pero similar confluencia debería darse para gestar una agenda legislativa única que permita al Ejecutivo y a los parlamentarios atender lo que pide la gente. La anticorrupción y las reformas política y judicial son muy importantes pero no más que las necesidades concretas de una población jaqueada en lo ético y en lo material. Si estas urgencias no son atendidas las movilizaciones masivas podrían escalar y la inestabilidad política estaría cerca. Señor Vizcarra es la hora de gobernar y de escuchar. No de pechar ni de pelear.


NO VAMOS AL COLEGIO

En Correo el 18 de mayo 2019

El rechazo se extiende. No queremos el Colegio de Politólogos de la forma como ha sido creado, con sospechoso interés, con apuro y sin cuidado en la representación y en las necesidades de organización. Pretende reunir a quienes se dedican a la política desde el análisis, la academia y la práctica pero esta actividad profesional que entiende el uso del poder para la protección y el bienestar de la sociedad, no puede ni debe ser avasallada por las prisas que descuidan el debate y la participación de los involucrados.

Al no haberse convocado a la Red de Escuelas de Ciencia Política, que incluye a las del interior del país, han incurrido en imperdonable error. Y otro es que se coloca al frente de la Comisión que pondría en marcha el Colegio a una ONG llamada Asociación Nacional de Politólogos que carece de representatividad. Y bajo ella a las Escuelas de Ciencia Política arbitrariamente consideradas como las más importantes. De manera gruesa se insiste en la centralización al no tener en cuenta a aquellas que en provincias cumplen esfuerzos académicos encomiables que debemos estimular y rescatar.
  
El Colegio de Politólogos tendría el objetivo de “fortalecer” el ejercicio de la profesión pero comienza muy mal, cuestionado por aquellos a quienes intenta organizar. Los politólogos no rechazan la posibilidad del Colegio pero si la Ley aprobada. La comunidad de profesionales de la Ciencia Política puede y debe organizarse con equidad y sentido común para mejor cumplir su misión social y política pero no al arbitrio de quienes podrían instrumentalizarla al restringir el ejercicio profesional con fines coyunturales desde la colegiación obligatoria.

Toca al presidente Martín Vizcarra observar la Ley aprobada con insólita rapidez, sin debate político ni académico. La Ciencia Política y en especial los jóvenes peruanos que la han elegido como profesión merecen más respeto y reflexión.