sábado, 26 de julio de 2014

LA LEY UNIVERSITARIA


EL ARTE DEL DESGOBIERNO
 
Correo 27 0614

Un nuevo caballazo esta vez con la Ley Universitaria consagra, como en otros casos, el estilo de gobierno de Ollanta Humala,  a contracorriente del arte de la política que busca convencer a los gobernados. El acuerdo social es la Constitución que todo gobernante debe respetar. Pero aquí sin diálogo ni debate estamos ante la pura imposición en las antípodas de la política que debe apuntar a la convicción. Tan simple como eso y tan diferente de la lógica militar que se sostiene en la obediencia sin dudas ni murmuraciones. El gobernante es el primer mandatario, se debe a su pueblo que le da el mandato. No tiene cetro ni carta blanca, debe responder a quienes lo eligieron y renovar su legitimidad permanentemente. Persuadir con argumentos para seguir siendo aceptado. Pero Humala cree y ejerce la coacción, el apremio y la fuerza. No con todos evidentemente. Quiere hacer una reforma de la salud con los médicos en contra y con megáfonos en las calles. Una reforma del servicio del Estado con una ley repudiada por los servidores públicos que sectorialmente pugnan por salir de ella. Una reforma universitaria con toda la comunidad académica en contra y paremos de contar porque hay mucho más. Así no se gobierna, se desgobierna.

La Ley Universitaria es un error. Sin consenso en la comunidad académica, con precario acuerdo en el Congreso que la aprobó sin respeto a los predios a los que pretenden ingresar con caballos y no con ideas. Punitiva, sancionadora, dirigista, sin estímulos suficientes para esa nueva universidad de calidad que requerimos. Sin pautas para salir de los extremos del negocio privado rentable o de la pobreza por desfinanciación y abandono público. Si pretendemos calidad académica comencemos por no digitarla ni controlarla menos aún restringir ese único espacio que tenemos para el debate, la divergencia y la controversia. Universidad es universalidad y expresión del pensamiento, nunca bayonetas ni silenciadores.

 

LA ENTREVISTA DE NADINE


 
ESCLAVA DE SUS PALABRAS

Correo 01 05 14

La entrevista de Nadine Heredia a la revista Cosas ha dado la vuelta al país y al mundo como ejemplo de lo que no se debe hacer. Habló lo que no debía y al reparar en ello intentó evitar la publicación con lo cual originó otro problema más grande que el anterior. Exceso de elocuencia más voluntad de censura no dan buenos resultados. Y como no podía ser menos las críticas han menudeado. Ha quedado claro, por palabras propias, que su poder es muy grande dentro del partido de gobierno lo que no es discutible y también dentro del gobierno lo que es altamente discutible. Si quiere apoyar a su marido, muy loable, pero apoyar no es intervenir y menos decidir a todo nivel, político y social. Mala faena que ha hecho que todos los desmentidos oficiales acerca de su gran poder choquen con su incontinencia verbal que incluso deja mal parado al presidente Ollanta Humala. Es su esposa pero no tiene derecho a lastimar una institución suprema que es la Presidencia de la República que personaliza a la nación.

Y llama la atención que todo un aparato de gobierno se vea comprometido ante una voluntad férrea de poder envuelta en guante de seda, como el que puede usar una mujer joven, bonita y carismática, que lo es a estar por las hermosas fotos de la revista. Pero el tema es y seguirá siendo que no hay propósito de enmienda ni reconsideración en el ejercicio de ese poder fáctico de Nadine Heredia sobre su partido, su esposo -que es el Presidente de la República- y sobre su gobierno. El Mandatario se debe al mandato del pueblo no al de ella. Sin duda es una mujer fuerte, como lo dice nuestro director, pero no tanto como para no dejarse dominar por la tentación de hablar demasiado y convertirse en esclava de sus palabras. Más allá de sus propios intereses que son representar una figura política confiable, sagaz, capaz, oportuna y auto controlada que el país necesitaría. Por el momento ella contradice su objetivo.

 

miércoles, 30 de abril de 2014

INDEFENSION E INDIGNACION


 LA INSEGURIDAD VA GANANDO ESPACIOS

Publicado en el diario Correo. 29.04.14 
 

El espacio público se va perdiendo por la inseguridad y la violencia, un espacio que es de todos y ya casi no lo tenemos, se va tornando ajeno y peligroso. Nos quedamos en las casas, no salimos por temor. Nuestras ciudades están ocupadas por la delincuencia organizada. Sólo podemos sentirnos relativamente, más o menos, seguros en los espacios privados con seguridad privada. Ante esto la indignación colectiva va creciendo. Sin autoridad efectiva cualquier chispa enciende la indignación de la sociedad afectada, abrumada. Estamos juntos en la exigencia de que los responsables se pongan inmediatamente a la acción. Que no se den el lujo de no preocuparse, de no tener voluntad política para comenzar, digo bien, a solucionar esa gran inseguridad que deja un sentimiento de vacío de autoridad, de indefensión frente a delincuentes que parecen más eficientes en lograr sus objetivos que el Estado en proteger a los ciudadanos. No es un reclamo de buena voluntad, es un derecho y una exigencia. Es tiempo de movimientos sociales mundiales y defensivos. Sabemos que nuestra vida y la de la gente que queremos podría estar pendiendo de un hilo. Temor tan impresionante como la capacidad de la delincuencia para transgredir nuestros derechos y garantías. Tenemos ese descontento, ese cuestionamiento que va hacia la deslegitimación. Que el gobierno y los políticos lo entiendan y se pongan de acuerdo. El desafío es enorme, alto a los asaltos, al sicariato, a los cupos, a los robos grandes y pequeños. Alto a la inseguridad vial, a los accidentes, a la sangre que se derrama en las carreteras. Estamos perdiendo más gente que en una guerra y lo peor perdemos el espacio público nuestro por derecho. El Estado y los gobiernos solo se justifican si protegen, si no lo hacen las sociedades no tienen por qué sostenerlos. Que lo recuerden.

GUSTAVO MOHME LLONA


POR UNA IZQUIERDA MODERNA
Hace catorce años partió Gustavo Mohme Llona, congresista y director del diario La República. Un líder de izquierda que dio larga batalla contra la dictadura fujimorista, formó el Comité Cívico por la Democracia y dejó lecciones de concertación en el Acuerdo de Gobernabilidad para que los sectores democráticos tuvieran un camino después de recuperar la democracia. Mohme Llona hizo más que eso, dejó el ejemplo del político que plantea problemas de fondo y piensa en el largo plazo. Algo perdido en la política local, ganada por la coyuntura y  el espectáculo.

Cuántos personajes como él necesitamos para construir esa izquierda moderna que contribuya al desarrollo y el bienestar para todos, más allá del crecimiento y de las buenas cifras económicas que ocultan grandes bolsones sociales a los que no llegan los beneficios del sistema. No existe un compromiso ciudadano mayoritario y bien orientado con este objetivo. Nos es indispensable una teoría del desarrollo que reemplace las utopías latinoamericanas que no funcionaron en el pasado. Y la clave sigue siendo convencer y movilizar un nuevo consenso político y social, como lo intentó Gustavo Mohme Llona, para consolidar la democracia y el estado de derecho.

El Perú necesita reformas políticas y sociales que no se queden en economías de mercado abiertas y competitivas.  Necesita líderes en la izquierda y en la derecha, modernos y sensibles ante la desigualdad y la exclusión. No se trata solo de importar corrientes renovadoras que tuvieron éxito en países desarrollados sino de asumir que cada país debe estudiar sus realidades y diferencias para que las reformas,  contrariamente a lo que viene sucediendo en el gobierno de Ollanta Humala, cuenten con participación, aprobación, legitimidad y credibilidad social.

En plena sociedad de la información los ciudadanos vigilan y cuestionan a políticos e instituciones. Y al Estado ineficiente y demasiado lento para las expectativas mayoritarias. El descontento deslegitima las políticas del gobierno y al propio sistema político con bajísima aprobación para los poderes constitucionales como el Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial.

Y sin embargo carecemos de espacios para el debate político más allá de lo académico. Las campañas electorales son ganadas por el marketing más que por la racionalidad y la propuesta. Tampoco los medios de comunicación –privados o gubernamentales- propician el diálogo sobre el interés general. Muchas universidades aparecen capturadas por la visión mercantilista y privatista. Valores como la igualdad, la equidad, la solidaridad van perdiendo la batalla frente a  conceptos considerados más modernos como el de un mercado supuestamente eficiente y equitativo asignador de los recursos.

Las ideologías se desdibujan, reemplazadas por los intereses de grupo, políticos y económicos. Los jóvenes no participan en los partidos ni tienen presencia en los medios. No creen ni practican la política, esa actividad que Mohme Llona impulsó en todos los espacios, igualitaria, para todos, convencido de que la primera bandera es ética y social y es la lucha por la inclusión en el camino al desarrollo.

 

VOZ A LAS INSTITUCIONES Y A LOS PUEBLOS


AUDIENCIAS EN TODO EL PAÍS

La audiencia de Ancash ha dejado muchas enseñanzas. Los silencios obligados por miedo o por dinero pueden proliferar cuando el poder concentrado se enseñorea. Homicidios por sicariato, agresiones, extorsiones y amenazas de muerte llevaron a que la Comisión de Fiscalización del Congreso organizara una audiencia pública en Chimbote con la presencia de congresistas y autoridades como el Fiscal de la Nación y el Contralor. Estuvo también la amenazada presidenta de la Junta de Fiscales del Santa, lo que motivó que cientos de personas llegaran al auditorio de la Universidad Los Ángeles.

Importante dar voz a la población junto a las autoridades centrales. Hace diez años Hugo Sivina, como Presidente de la Corte Suprema, organizó audiencias para concretar el Acuerdo Nacional por la Justicia. Conformó un Comité Organizador en el que participamos junto con Diego García Sayán, Raúl Ferrero y Marcial Rubio. Viajamos por todo el país organizando audiencias con la hoy congresista Rosa Mavila y el ex premier Juan Jiménez Mayor. La experiencia fue rica y aleccionadora. La gente habla, se envalentona y revela verdades cuando se siente convocada y apoyada. Así se produce el reencuentro de la sociedad con el Estado, hoy terriblemente arrinconado en el camino de la deslegitimación. En esas citas nos enteramos que en todo el país la desconfianza por la justicia hace crisis a menos que un acercamiento necesario exhiba voluntad de cambio.

Si deseamos autoridad y verdad para combatir la corrupción y los abusos del poder regional o local necesitamos instituciones fuertes en alerta para detectar y denunciar a los responsables. Los ancashinos han denunciado la ‘justicia comprada’ mientras las autoridades y los representantes políticos y sociales eran enfrentados con la verdad. La más destacada participante fue Fiorella Nolasco, hija del ex consejero regional Ezequiel Nolasco, quien valientemente expresó su indignación por el asesinato de su padre y de su hermano y su desencanto por la dominación ilegal del poder regional encarnado en César Alvarez ante la desidia, la ceguera o la complicidad de las autoridades. La gente la respaldó masivamente mientras sucesivos testimonios graficaron la dura realidad por la cual varios líderes políticos ya han perdido la vida.

Que las audiencias se multipliquen, que el Congreso prosiga con esta iniciativa por todo el país y que se ponga las pilas para eliminar la reelección de los presidentes regionales cuyo poder concentrado y su afán de perpetuarse deja espacio a abusos y crímenes. Las mafias y la corrupción están en primera fila cuando un gobernante se hace poderoso en lo nacional y en lo local. Lo sabemos bien.

Chimbote ha caído en las garras de la delincuencia al igual que otras importantes ciudades como Trujillo y Chiclayo. Una selva donde la ley es lo último que importa para quienes han declarado una guerra a la parte civilizada del país. Sin cuartel, grave, severa, con cotidianas pérdidas de vidas humanas a través del sicariato y de los cupos. Mucha gente lo sabe, lo sufre y lo teme, pero las autoridades no la enfrentan con la energía y la decisión que la población espera. Y ya hay quienes se están armando y organizando para combatir la delincuencia pero sin orientación y ante la irresponsabilidad política poco podrán hacer. Es urgente que los poderes constitucionales y los partidos se pongan de acuerdo para enfrentar organizadamente la delincuencia en el país.

 

LA TRANSICION ESPAÑOLA


ADOLFO SUÁREZ, ÍCONO DE LA DEMOCRACIA

Los peruanos admiramos el proceso de la transición española a la democracia. Su Pacto de la Moncloa y su vigente Constitución de 1978 son el legado de un gran político que supo unir a España. Adolfo Suarez es un ícono del siglo XX, logró lo imposible, dejar atrás los rencores hacia un régimen largo y violento como fue el franquismo para mirar hacia adelante apostando por el progreso vía la concertación y el diálogo. Llevó la política a las más grandes alturas, la convirtió en arte de lo posible y lo imposible.

La transición española fue un modelo para muchos países, también para el nuestro. Con Gustavo Mohme Llona quisimos dar forma a la voluntad concertadora para salir de la dictadura fujimorista y contar con una orientación clara para los partidos democráticos. Y lo hicimos precisando objetivos comunes a través del Acuerdo de Gobernabilidad, suscrito por todas las fuerzas políticas el 26 de noviembre de 1999 en el Hotel Bolívar. Este fue el precedente del posterior Acuerdo Nacional firmado durante el gobierno de Alejandro Toledo.

Así el Comité Cívico por la Democracia aportó un significativo instrumento de unidad al que no se le ha hecho suficiente justicia como tampoco a su gestor. El posterior Acuerdo Nacional llegó sobre terreno abonado ya que los demócratas peruanos nos reunimos por casi una década organizando la resistencia que culminó con la famosa Marcha de los Cuatro Suyos a iniciativa del recordado Javier Diez Canseco.

La transición española fue siempre ejemplo y el referente más citado y estudiado en foros, conferencias y discursos. Mi libro El Pacto, auspiciado por el Foro Democrático, con entrevistas a políticos, académicos y autoridades no gubernamentales, graficó en 1998 la necesidad de unidad y concertación para un retorno a la democracia con signo positivo y eficiente.

Gracias a la fructífera labor de Adolfo Suarez las transiciones latinoamericanas son tributarias de la española. Aunque está por escribirse un buen libro sobre la peruana aún inacabada en la medida que conservamos la Constitución suscrita y forjada por el fujimorismo.

La muerte de Adolfo Suárez ha generado merecidos y masivos homenajes en la península porque fue, junto con el rey Juan Carlos y dirigentes notables de la oposición antifranquista como  Santiago Carrillo, Felipe González y Alfonso Guerra, el protagonista de ese monumento político que es el Pacto de la Moncloa. La vigente Constitución española de 1978 completa el cuadro de su gran obra política que logró el acompañamiento de un gran pueblo soberano que aceptó dejar rencores y odios, generados por el franquismo, para apostar por un futuro que llevó a España a incorporarse exitosamente al bloque europeo.

Adolfo Suárez visto desde el tiempo transcurrido, silenciado por una larga enfermedad, hoy es reivindicado en toda su dimensión estelar. Nuestros países hispanos le deben mucho a su inspiración y su praxis. Puedo prometer y prometo fue su frase más recordada, lección para nuestros políticos que prometen sin poder hacerlo e incumplen sin siquiera pedir disculpas. Su ética política es el pedestal sobre el que se alza su figura. Suarez mostró habilidad, voluntad y eficacia política, apostó por la unidad y la tolerancia, se convirtió en el padre de la democracia hispana y en modelo de políticos que más allá de las ideologías deben pensar en su país y en su pueblo. Honor al honor.

 

viernes, 14 de marzo de 2014

POLITICA INFORMAL:


 EL PODER DE NADINE HEREDIA


MARIA DEL PILAR TELLO

La escena política está copada por el poder que al parecer ejerce Nadine Heredia sobre el Presidente, sobre el partido de gobierno y sobre los funcionarios del Estado. Un poder que dejó de ser influencia cuando se hizo claro, exhibido voluntariamente sin cautela, para que el país perciba que la lideresa política en construcción tiene plenos poderes derivados, no delegados, del recibido de las urnas por su cónyuge Ollanta Humala.

En una democracia representativa sólo los votos dan derecho a ejercer poder. El presidente elegido no puede ejercerlo compartido, o por interpósita persona, pues el pueblo se lo confirió de manera personalísima. La representatividad se basa en los votos y en la responsabilidad que implica el ejercicio soberano del poder recibido.

La legitimidad democrática indica que todo poder da cuentas al pueblo que lo eligió para formar gobierno, dentro del cual sólo hay funcionarios elegidos o designados, todos bajo la premisa absoluta de la responsabilidad exigida de acuerdo al derecho.   

Por supuesto que hay poderes fácticos que se ejercen desde fuera del aparato del Estado con autoridad informal y capacidad de presión para influir políticamente. No se imponen por la fuerza porque tienen acólitos suficientes para controlar los mecanismos del poder político a través de funcionarios claves estratégicamente colocados. Este parece ser el caso de Nadine Heredia a quien el pueblo peligrosamente ubica, según recientes encuestas, como verdadera gobernante. Si así fuera se configuraría usurpación. Y si no lo fuera la imagen se hace peligrosa realidad que lesiona la democracia.

La respuesta del Presidente no ha sido la más atinada. Confunde la defensa de su esposa con la del poder que se le atribuye y al parecer detenta. Craso error. Una cosa es el Estado-gobierno y otra el partido de gobierno. Nadine Heredia no integra el primero pues no es funcionaria con responsabilidades establecidas por tanto no puede hablar a nombre de él. Es altísima dirigente del Partido de gobierno y puede hablar a nombre de su partido, como lo hacen Keiko Fujimori o Alan García. Diferencia clave en una democracia que tiene como elemento esencial la responsabilidad por actos de gobierno que en el caso de Heredia no es exigible por no ser funcionaria nombrada ni elegida.

Sin mencionar que su designación como Presidenta del Partido Nacionalista, en el afán de consagrarle su derecho a la palabra, es de reciente data y confirmaría la necesidad de otorgarle un espacio político válido e indiscutible, aunque de hecho también estaría dando la razón a quienes la cuestionaban antes de dicha designación.

El poder político legítimo y legal en un estado de derecho debe siempre adecuarse a las reglas. Cuando individuos, grupos o instituciones logran imponer su influencia y su poder de facto pueden tener éxito circunstancial pero tarde o temprano tendrán que dar cuenta de sus actos. No olvidarlo.

 

miércoles, 26 de febrero de 2014

VENEZUELA


 

DE LA VIOLENCIA AL DIALOGO

 
Preocupados por lo que sucede en Venezuela, los demócratas latinoamericanos vemos como se proyecta la polarización interna al continente. Conocemos el estado de ánimo de los estudiantes y opositores al gobierno de Nicolás Maduro y reconocemos en él al que tuvimos y alentamos cuando luchamos contra el fujimorismo en las calles, cuando la indignación se extendió hasta culminar en la multitudinaria Marcha de los Cuatro Suyos que legitimó la protesta y finalmente detonó la caída de un régimen que en su momento había contado con masivo apoyo popular.

En Venezuela la represión viene dejando pérdidas humanas y una imagen de violación de los derechos humanos. Maduro ya debe estar claro en que la antidemocracia nunca paga. La protesta es un derecho ciudadano y la represión con muertos, heridos y detenidos sólo echa leña a la hoguera del descontento que evoluciona hacia mayor violencia generando un círculo vicioso que desestabiliza y paraliza al país. La oposición legal y legítima debe ser respetada. La indeseable polarización se prolongará si sus líderes no se esfuerzan por entenderse. Cada violación a los derechos humanos es un paso hacia la autodestrucción.

 
Por eso es importante que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, después de su exitosa cumbre de La Habana, dirigida por gobiernos cercanos a Caracas, haya llamado a Nicolás Maduro, “a continuar los esfuerzos para propiciar un diálogo entre todas las fuerzas políticas del país”.

La CELAC ha formulado un indispensable pedido de garantía de “información fidedigna y veraz” y el pleno respeto de “todos” los derechos humanos, frases que aluden a la guerra mediática que desde hace algún tiempo se libra entre el gobierno venezolano y los medios de comunicación de propiedad privada. “Nuestra Comunidad rechaza la violencia y promueve la seguridad ciudadana, la paz, la estabilidad y el desarrollo; y considera que en todo momento debe garantizarse la institucionalidad democrática” dice la CELAC.


Interesante llamado de un espacio integrador promovido por Hugo Chávez que viene funcionando sin la presencia de Estados Unidos ni de Canadá desde el 2011. Con vocación de equilibrio el comunicado de sus 33 integrantes se solidariza con “el pueblo hermano” de Venezuela “y alientan a su gobierno a continuar los esfuerzos para propiciar un diálogo entre todas las fuerzas políticas del país, en aras de la paz y la unidad nacional que el pueblo venezolano requiere para continuar su marcha hacia el progreso y el bienestar”.

También la Internacional Socialista, IS, que reúne a las fuerzas socialdemócratas de todo el mundo en un espacio que podría considerarse cercano a Caracas, ha censurado la represión y a los grupos irregulares armados. El panameño Martín Torrijos, presidente del Comité de la IS para América Latina y el Caribe, ha solicitado el diálogo y el respeto a los derechos humanos afirmando que “las autoridades de gobierno deben de contribuir a generar una cultura que reemplace la confrontación por el diálogo y la negociación, como acontece en todas las naciones donde existe la democracia”. Llamados de sentido común a Nicolás Maduro para que encuentre el mejor camino para detener la violencia.

sábado, 1 de febrero de 2014

LA CUMBRE DE LA CELAC


 
TRIUNFO INTEGRADOR EN CUBA

 
 Perú y Chile acaban de dar lección al mundo sobre el triunfo posible del arreglo pacífico de los conflictos. En simultáneo en La Habana, en la cumbre de la CELAC, reunidos 31 de los 33 países de América han dado lección de voluntad de integración, más allá de las ideologías de los gobernantes que asistieron. Y lo han hecho entendiendo que los desafíos mayores están en la desigualdad y en la pobreza extrema que si bien ha descendido a la mitad en las dos últimas décadas por el fuerte crecimiento económico y los programas sociales, continúa en niveles moralmente inadmisibles.

De hecho pocos podrían negar que la cumbre habanera es un espaldarazo a Cuba frente al anacrónico embargo que Estados Unidos sostiene hace más de medio siglo contra la isla. También para impulsar la integración económica en América Latina y el Caribe con la connotación de que no podrá concretarse marginando naciones. Por eso el texto final exige que Washington ponga fin al "bloqueo".

La CELAC no se construye como la alternativa a la OEA pero evidencia la necesidad de desarrollar nuevos y más eficaces espacios y foros integradores aún sin la asistencia de los grandes, EEUU y de Canadá, como sucedió en esta cumbre. Pero si estuvieron el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon y el mismo líder de la OEA, José Miguel Insulza. Y marcando la diferencia Sebastian Piñera el conservador presidente chileno. Incluso varios mandatarios participaron en la Marcha de las Antorchas, en homenaje a José Martí, caminando a pie por las calles de La Habana junto a miles de jóvenes.

A despecho de la dificultad de cumbres tan amplias para lograr grandes acuerdos en el continente en ésta se han logrado consensos sobre temas trascendentales entre ellos la declaración de América Latina como "zona de paz". La base en “el compromiso de los Estados de respetar plenamente el derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, como condición esencial para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones”. A ello se agrega el excepcional discurso del uruguayo José Mujica, desideologizado, profundamente humanista, ecológico y solidario, signo de  los tiempos, simbólico de la apuesta pacífica e integradora con base en el respeto a los Principios de la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional.

Estados Unidos exhibió solitariamente su disgusto y decepción y acusó duramente a los asistentes de haber abrazado el castrismo sin críticas a su manejo político y sin ningún esfuerzo por escuchar a la disidencia y a la sociedad civil de la isla. Es cierto como también lo es que los distintos grupos subregionales que han surgido en estos últimos años debilitan a la OEA y que entre ellos la CELAC, después de esta cumbre habanera, resalta como el foro con mayor apoyo en el hemisferio.